Comunicado de www.vaticannews.va —
Entrevista de los medios vaticanos con uno de los pioneros en el campo de la Inteligencia Artificial. Preocupado por la carrera hacia las nuevas tecnologías que, a su juicio, está generando una competencia cada vez más parecida a una guerra, el profesor hace un llamamiento al Vaticano para que, como referente moral a nivel mundial, utilice su autoridad para involucrar a los principales actores del sector en la búsqueda de soluciones compartidas, ofreciendo así al mundo «un respiro».
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La tecnología de la inteligencia artificial «no es fruto del trabajo de unos pocos», sino «una recopilación del conocimiento y de los esfuerzos de toda la humanidad a lo largo de los años». El rápido avance de la IA ha planteado desafíos y problemas de enorme gravedad para toda la sociedad humana. Por ello, quizá el Vaticano pueda contribuir a promover iniciativas coordinadas en una competencia que se asemeja cada vez más a una guerra, con el objetivo de conceder al mundo «un respiro».
Este es el punto de vista, hasta ahora nunca expresado públicamente, del profesor Lee Lin-Shan, docente de la Facultad de Ingeniería Electrónica e Informática de la Universidad de Taiwán desde 1979. Con motivo de la publicación de la encíclica Gran humanidad del Papa León XIVel científico fue entrevistado por los medios vaticanos para reflexionar sobre el desarrollo actual de la inteligencia artificial y las posibles respuestas a los desafíos que plantea.
La IA nace del patrimonio de conocimientos de la humanidad
Considerado por la revista Naturaleza como «una estrella de la ciencia en Asia Oriental», entre 1979 y 1998 Lee Lin-Shan afrontó con éxito un desafío completamente nuevo, sobre el que hasta entonces nadie había investigado: enseñar a las máquinas a transcribir y leer en voz alta el chino mandarín.
Puede afirmarse que la base de las aplicaciones relacionadas con el mandarín en los teléfonos móviles es fruto de sus investigaciones. La tecnología que desarrolló a lo largo de los años es la que hoy conocemos como inteligencia artificial.
El científico explica que «los profesionales del campo de la IA descubrieron que gran parte de las creaciones humanas acumuladas a lo largo del tiempo, de esa inagotable civilización del conocimiento, puede representarse mediante datos y, posteriormente, aplicarse a través de la tecnología de la IA».
Además, gracias a los conocimientos y esfuerzos de innumerables personas, la tecnología de la IA «parece capaz de hacerlo todo». Pero, subraya, no es el resultado del trabajo de una élite.
La carrera por la IA como una competición global
El profesor Lee considera que «casi todos los científicos iniciaron su trabajo con la intención de promover el bienestar de toda la sociedad humana, pese a los efectos secundarios negativos e inevitables que pueden derivarse de los descubrimientos científicos».
Asimismo, «la velocidad del desarrollo de la tecnología de la IA supera la imaginación de la inmensa mayoría de las personas. A muchos les cuesta adaptarse» a estos cambios.
Lee compara el progreso actual con «un campo de batalla en el que se compite a escala mundial: solo quien logre avanzar más tendrá la posibilidad de quedarse con todo. Todos están dando lo máximo de sí mismos y, naturalmente, la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso».
La ética de la IA y el desafío de una gobernanza compartida
Las afirmaciones de Lee coinciden con las reflexiones del Papa sobre la «cultura del poder» en la encíclica Gran humanidad. En el número 185, el Pontífice explica que «la Babel moderna no es solo el paradigma tecnocrático globalizado, sino también el enfrentamiento a distancia entre imperialismos contrapuestos, entre potencias que quieren conservar su primacía y potencias que aspiran a conquistarla, junto con una multiplicidad de conflictos locales».
En este contexto, esas potencias participan en «una carrera por desarrollar tecnologías cada vez más poderosas».
Al referirse a las dificultades a las que se enfrentan ingenieros y científicos del sector, el profesor señala: «Muchos de ellos se han dado cuenta de los efectos secundarios negativos que la tecnología de la IA puede tener sobre la sociedad y, por ello, intentan promover la interpretabilidad, la fiabilidad y la capacidad de control de los sistemas que desarrollan. Muchos también reflexionan sobre posibles normas éticas para la IA, con el fin de reducir esos posibles efectos negativos. Pero todo ello es difícil, porque se trata inevitablemente de un desafío interdisciplinar, intercultural e internacional».
Que los gobiernos no descuiden los problemas sociales vinculados a la IA
Como escribió el Papa en la encíclica, «vislumbramos a gran parte de la humanidad que trata de seguir siendo humana y de esforzarse por construir la ciudad de la convivencia y la paz».
A partir de esta reflexión, el profesor Lee comparte algunas de sus propuestas. Según él, hay quienes se preguntan si los líderes de la industria de la IA o los grandes países que encabezan este sector podrían alcanzar un acuerdo para suspender temporalmente el desarrollo tecnológico y ofrecer así a la sociedad «un respiro».
Sin embargo, considera que esta solución es poco viable, ya que tanto las empresas líderes como los Estados temen que «no avanzar» equivalga a «retroceder»: todos luchan por la primacía.
«Temo que nadie quiera detenerse y dejar a los demás la posibilidad de ganar».
Por ello, Lee propone una alternativa que considera más factible: pedir a los gobiernos que «ejerzan el poder público dentro de sus territorios mediante leyes y una mayor fiscalidad sobre las industrias que obtienen enormes beneficios gracias a la tecnología de la IA, para destinar posteriormente esos recursos a resolver los problemas sociales derivados de ella, por ejemplo ayudando a las personas desempleadas a adaptarse a este nuevo contexto».
No obstante, reconoce que también esta propuesta presenta dificultades: «Cuando un país impone impuestos más elevados, inevitablemente reduce la competitividad de su industria de la IA. Ningún gobierno querría hacerlo».
El papel del Vaticano para alcanzar un consenso internacional sobre la IA
La propuesta final del científico es, por tanto, «que en una competencia semejante a una guerra todos adopten iniciativas coordinadas para lograr conjuntamente una moderación adecuada en el desarrollo de la IA y ofrecer al mundo un respiro».
Aunque reconoce que alcanzar este tipo de «consenso internacional» es difícil, Lee considera que «el primer paso podría ser el llamamiento realizado por una institución con influencia y credibilidad a escala mundial. Así, las pocas personas que ejercen una verdadera capacidad de influencia en los sectores implicados podrán escuchar, reflexionar y buscar las soluciones más realistas».
«El Vaticano, que representa un referente mundial en el plano moral y de la conciencia, puede ser una institución capaz de desempeñar ese papel».
Se publicó primero como Científico Lee afirma que la IA no es elitista, sino patrimonio de toda la humanidad
