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Hogares bahá’ís destruidos y tierras confiscadas por agentes del gobierno iraní – europeantimes.news

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BIC GINEBRA — Unos 200 agentes del gobierno iraní destruyeron seis casas y confiscaron más de 20 hectáreas de tierra pertenecientes a los bahá’ís en el pueblo de Roushankouh, en la provincia de Mazandaran, según ha podido saber el Servicio de Noticias.

Los agentes gubernamentales utilizaron gas pimienta para dispersar a la gente y durante el operativo se escucharon disparos.

Este último movimiento sigue a semanas de intensificación de la persecución de los baháʼís: más de 100 han sido allanados o arrestados en los últimos días y docenas más han sido atacados desde junio.

“Dado que el gobierno iraní política documentos acerca de perseguir a los bahá’ís, la comunidad internacional debe actuar inmediatamente antes de que sea demasiado tarde”, dijo Diane Ala’i, representante de la Comunidad Internacional Bahá’í (BIC) ante las Naciones Unidas en Ginebra.

Vista de la destrucción de algunas de las casas bahá’ís en el pueblo de Roushankouh, en la provincia de Mazandaran, por parte de agentes del gobierno iraní.

Fondo

La Fe Bahá’í nació en 19el Persia del siglo XX con la aparición de dos figuras proféticas: el Báb y Bahá’u’lláh. La misión del Báb era preparar el camino para la venida de un Prometido predicho en todas las religiones del mundo.

Entre esas enseñanzas están la unidad de toda la raza humana; la búsqueda independiente de la verdad; la abolición de todas las formas de prejuicio; la armonía que debe existir entre religión y ciencia; y la igualdad de hombres y mujeres. Para más información sobre la Fe Bahá’í visite el sitio web oficial.

El período temprano

Las enseñanzas del Báb, y su atractivo popular, fueron vistas por el establecimiento religioso de Irán y los reyes Qajar como una amenaza a su poder y autoridad. Miles de los primeros seguidores del Báb fueron asesinados a instancias de los líderes religiosos, y el Báb fue ejecutado por el gobierno en 1850.

La ortodoxia religiosa iraní respondió posteriormente al mensaje de Bahá’u’lláh, a medida que se difundía dentro y fuera de Irán, con una determinación renovada de extinguir la nueva religión y obligar a sus seguidores a volver al Islam. Bahá’u’lláh fue exiliado, enviado a la ciudad prisión de Akka en lo que entonces era la Palestina otomana, mientras que Sus seguidores en Irán continuaron enfrentándose a sucesivos brotes de persecución. En 1903, por ejemplo, 101 bahá’ís fueron asesinados en la ciudad de Yazd después de que los mulás hostiles incitaran a la población.

Durante los primeros años de la dinastía Pahlavi (1925 a 1979), el gobierno formalizó una política de discriminación contra los bahá’ís como una concesión al clero. A partir de 1933, se prohibió la literatura bahá’í, no se reconocieron los matrimonios bahá’ís y los bahá’ís en el servicio público fueron degradados o despedidos. Las escuelas bahá’ís, de las que había unas 50 en el país y que estaban abiertas a todos, independientemente de su origen, se vieron obligadas a cerrar.

La persecución de los bahá’ís se intensificó significativamente desde la revolución islámica de 1979, como resultado de la política oficial del gobierno. Cuando se redactó la constitución de la nueva República en abril de 1979, se mencionaron y protegieron específicamente ciertos derechos de las minorías cristiana, judía y zoroastriana en Irán. Sin embargo, no se hizo mención alguna a los derechos de la comunidad bahá’í, la minoría religiosa más grande de Irán.

Bajo el gobierno islámico de Irán, esta exclusión ha llegado a significar que los bahá’ís no disfrutan de derechos de ningún tipo y que pueden ser atacados y perseguidos con impunidad. Los tribunales de la República han negado a los bahá’ís el derecho a reparación o protección contra agresiones, asesinatos u otras formas de persecución, y han dictaminado que los ciudadanos iraníes que matan o hieren a bahá’ís no son responsables de los daños porque sus víctimas son «infieles desprotegidos». .”

En esta última década, la persecución de los bahá’ís iraníes está marcada por un esfuerzo sostenido y encubierto en todos los frentes, a pesar de las promesas del nuevo presidente, Hassan Rouhani, de acabar con la discriminación religiosa. Los bahá’ís continúan siendo arrestados, detenidos y encarcelados regularmente. A los jóvenes bahá’ís se les sigue negando el acceso a la educación superior a través de una variedad de estratagemas. Y las políticas económicas apuntan a las pequeñas tiendas y negocios, una de las pocas fuentes de subsistencia que quedan para los bahá’ís y sus familias.



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