Comunicado de www.vaticannews.va — ![]()
La vida cotidiana de los habitantes de la Franja transcurre en un desierto de ruinas y escombros, donde ningún lugar es habitable y las personas están hacinadas en tiendas de campaña y refugios improvisados instalados a lo largo de las playas. En este contexto, el Patriarcado Latino está intentando reabrir una escuela para evitar que los niños queden abandonados a su suerte.
Jean Charles Putzolu – Ciudad del Vaticano
El alto el fuego que entró en vigor en Gaza el 10 de octubre de 2025 nunca detuvo realmente la guerra, porque durante los últimos nueve meses los ataques israelíes continuaron en toda la Franja. En este período, lejos de las primeras páginas de los periódicos y de las pantallas de televisión, el drama de Gaza ha permanecido inalterado. Según el Ministerio de Salud de Gaza, durante los nueve meses de tregua murieron más de 1.000 personas, entre ellas 265 niños, mientras que 3.400 resultaron heridas. Estos datos son considerados fiables por las Naciones Unidas, que los recogieron en un informe publicado a principios de julio. Hablamos de ello con monseñor William Shomali, vicario general y vicario patriarcal latino para Jerusalén y Palestina.
Monseñor Shomali, ¿cómo describiría la vida cotidiana de los palestinos de Gaza?
Hoy los habitantes de Gaza viven únicamente en el 47 % del territorio de la Franja, porque el 53 % restante ha sido ocupado por los israelíes. En consecuencia, la densidad de población es muy alta. El 80 % de las infraestructuras sigue destruido: no se trata solo de los edificios, sino también de las redes de agua y electricidad. Muchas escuelas y universidades ya no existen. Miles de personas viven en tiendas de campaña.
¿La ayuda humanitaria llega en cantidad suficiente?
Cuando se habla de ayuda humanitaria hay que considerar los alimentos, los medicamentos y todo lo necesario para sobrevivir. Personalmente distingo entre los alimentos y el resto. Algunos medicamentos entran en la Franja, pero no todos los que son necesarios y, en cualquier caso, en cantidades limitadas.
Desde hace algunos meses, los alimentos que llegan a Gaza son importados por Israel y posteriormente vendidos en la Franja. El patriarca Pierbattista Pizzaballa, que estuvo allí en junio, observó que los mercados estaban mejor abastecidos que durante su visita anterior, poco antes de Navidad. Yo estuve con él en aquella ocasión y vi con mis propios ojos que en las tiendas todavía había pocos productos alimenticios. Y cuando hablo de tiendas, me refiero a una o dos tiendas de campaña colocadas una junto a otra, nada más. Desde luego, no se trata de supermercados.
Sabemos que muchos habitantes de Gaza han perdido su trabajo. ¿Cómo consiguen lo necesario para mantenerse?
En Gaza había muchos empleados que trabajaban para la administración palestina y algunas categorías siguen recibiendo un salario regular. Este es el caso de los maestros de las escuelas y de los empleados de algunas instituciones. Nuestros maestros también siguen percibiendo un salario.
Para muchos otros, en cambio, hoy es necesario proporcionar un apoyo económico. Antes distribuíamos directamente alimentos; ahora podemos ayudar entregando dinero, que luego sirve para comprar los productos de primera necesidad disponibles. Eso es lo que hacemos, por ejemplo, con nuestros feligreses, que viven dentro del complejo de la parroquia latina de Gaza.
Según el plan de paz estadounidense, ya debería haberse entrado en la segunda fase, que prevé la desmilitarización de Hamás, el inicio de la reconstrucción y el desbloqueo de los fondos destinados a ese fin. ¿En qué punto estamos?
La reconstrucción está estrechamente vinculada a la desmilitarización. Pero esta primera fase todavía no se ha completado. Hamás sigue presente en la Franja y es la organización que controla la seguridad en las zonas habitadas por los gazatíes. Por este motivo, la reconstrucción todavía no puede comenzar.
Quisiera añadir que, en este contexto, los niños no van a la escuela y pasan los días recogiendo leña, clavos y todo lo que pueda recuperarse, reutilizarse o venderse. Sin embargo, el próximo mes de septiembre esperamos reabrir nuestra escuela en la parroquia de la Sagrada Familia, que podría acoger a unos mil niños. De este modo, al menos no quedarán abandonados en la calle. Es importante que vuelvan a estudiar, para intentar devolverlos poco a poco a la normalidad y tratar de superar el trauma de la guerra.
Se publicó primero como Gaza, monseñor Shomali: la población vive en una precariedad extrema
