Vie, 22 May 2026 11:37
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Serán beatificados 80 mártires de la Guerra Civil Española y el patriarca maronita Hoyek

Serán beatificados 80 mártires de la Guerra Civil Española y el patriarca maronita Hoyek

Comunicado de www.vaticannews.va — Serán beatificados 80 mártires de la Guerra Civil Española y el patriarca maronita Hoyek

El Papa autoriza la promulgación de seis decretos del Dicasterio para las Causas de los Santos. Serán beatificados los mártires de Santander y el patriarca libanés Hoyek. Serán declarados venerables el misionero salesiano Costantino Vendrame, el carmelita descalzo de Camerún fray Jean Thierry, la religiosa española María Ana Alberdi Echezarreta y el hermano laico capuchino fray Nazareno da Pula

Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano

Fieles a su pueblo en la persecución o en la prueba. Es la historia de los 80 mártires de Santander, en España, y del patriarca maronita libanés Elias Hoyek, que serán beatificados próximamente. León XIV, en la audiencia de hoy, 22 de mayo, con el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, ha autorizado la promulgación de los decretos correspondientes. Son declarados venerables el joven carmelita descalzo camerunés fray Jean-Thierry de Jesús Niño y de la Pasión, la religiosa concepcionista franciscana española Madre María Ana Alberdi Echezarreta y los italianos fray Nazareno da Pula, fraile capuchino, llamado «el santo de los caramelos», y Costantino Vendrame, misionero salesiano en la India, «pobre entre los pobres».

Testigos de la fe durante la persecución religiosa en España

Es en la Guerra Civil española de los años 30 del siglo pasado y en la consiguiente persecución religiosa donde se inscribe el testimonio de fe y de amor de los Siervos de Dios Francisco Gonzáles de Córdova y de 79 compañeros: algunos arrojados al mar con las manos y los pies atados y una piedra atada al cuerpo; otros desaparecidos en el barco-prisión «Alfonso Pérez»; otros más asesinados y quemados; algunos murieron en una especie de campo de concentración. De los 80, 67 eran sacerdotes, 3 religiosos carmelitas, 3 seminaristas y 7 laicos.

La historia de Francisco Gonzáles de Córdova es expresión de una gran fidelidad hacia las personas a las que acompañaba en su ministerio sacerdotal en la parroquia de Santa María del Puerto, en Santoña. Durante la persecución se niega a huir a pesar de las prohibiciones de celebrar la misa y administrar los sacramentos. Es hecho prisionero y llevado al barco transformado en prisión; en la bodega sigue confesando a los prisioneros y rezando el rosario todos los días. Cuando es llamado para la ejecución, pide ser el último para poder absolver y bendecir a sus compañeros. Tenía 48 años.

Padre del Gran Líbano

El milagro que llevará a la beatificación del patriarca maronita libanés Elias Hoyek se remonta a 1965 con la curación del oficial del ejército Nayef Abou Assi, musulmán de etnia drusa, enfermo de «espondilolisis bilateral» crónica, quien un día se despertó completamente sano tras haber soñado con el patriarca. Nacido el 4 de diciembre de 1843 en Helta (Líbano), Elias Hoyek ingresó en el seminario a los 16 años, llegó a Roma para estudiar teología y allí fue ordenado sacerdote en 1870. De regreso al Líbano, junto con la Madre Rosalie Nasr, fundó en Ebrine la Congregación de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia, el primer instituto religioso femenino de vida apostólica en la Iglesia maronita.

Fue elegido Patriarca de Antioquía de los Maronitas en 1899 y, durante treinta años, se ocupó de la formación del clero y la catequesis de los fieles. Se convirtió en un referente de la sociedad libanesa que aspiraba a la independencia del Imperio otomano, entablando relaciones con las autoridades y defendiendo a su pueblo. Al estallar la Primera Guerra Mundial, abrió las puertas de conventos y monasterios para dar de comer a quienes estaban agotados por el conflicto, independientemente de su fe religiosa: fue condenado por las autoridades otomanas a la deportación, pero logró evitarla gracias a la intervención del Papa y de la diplomacia austrohúngara. En 1920 nace el nuevo Estado del Gran Líbano, al que contribuye participando en las negociaciones con las autoridades del Imperio otomano. Fallece en 1931 en Bkerké. Era un hombre de diálogo, de gran caridad pastoral, vivió bajo el signo de la pobreza evangélica, gozando de tanto afecto y estima que se le llamó «Padre del Gran Líbano».

Ofrecer la propia vida por las vocaciones

Es declarado venerable el fraile carmelita descalzo camerunés Jean-Thierry del Niño Jesús y de la Pasión, fallecido a los 23 años en Legnano, Italia, en 2005 a causa de un tumor óseo en la rodilla. «¡Cuánta luz, cuánta luz… ¡Qué hermoso es Jesús!»: estas fueron sus últimas palabras antes de morir. Una vida marcada por una fuerte devoción mariana, por la oración constante del Rosario, una vida animada por el deseo de ser otro Cristo para los demás. Nacido en 1982, su vocación surgió muy pronto, a la edad de 8-9 años, gracias al encuentro con un misionero Oblato de María Inmaculada en Camerún. En 2003 fue acogido en la familia de los carmelitas descalzos. Al año siguiente descubre que está enfermo y le amputan una pierna. Sus hermanos lo trasladan a Italia para recibir tratamiento, pero ya no hay mucho que hacer; se presenta la solicitud para la profesión religiosa «in articulo mortis» y el 8 de diciembre de 2005 Jean-Thierry viste el hábito del Carmelo y emite la profesión solemne. Pide entonces que ya no se rece por su curación, sino por las vocaciones, por las que ofrece su vida. Falleció el 5 de enero de 2006.

Hacerse santa en la caridad

La dulzura y la caridad marcaron la vida de la nueva venerable Madre María Ana Alberdi Echezarreta, religiosa española, nacida en el País Vasco en 1912. Huérfana de ambos padres con solo 7 años, comenzó a trabajar muy pronto, pero descubrió su vocación religiosa gracias al encuentro con un sacerdote. En 1932, en Madrid, vistió el hábito blanco de las Hermanas Concepcionistas Franciscanas; cuatro años después hizo la profesión solemne. Luego estalló la Guerra Civil Española y se vio obligada a abandonar su monasterio, al que regresaría para convertirse primero en maestra de novicias y luego, en 1953, en abadesa, reelegida en varias ocasiones en los Capítulos posteriores. Una tarea nada fácil tras la guerra y tras el Concilio Vaticano II, a raíz del cual trabajó en la revisión de las Constituciones de la Orden. Guió a su comunidad con sabiduría y mansedumbre, infundiendo paz en quienes la encontraban. En 1998 cayó enferma a causa de una dolencia que la llevó a la muerte. El propósito de su vida fue hacerse santa amando.

Pobre entre los pobres

También se declara venerable al salesiano Costantino Vendrame, que dedicó gran parte de su vida a los pobres de la India, dando testimonio del amor de Dios siempre con una sonrisa, convirtiéndose en un gran ejemplo de caridad evangélica. Nacido en la provincia de Treviso en 1893 en una familia de sólidos valores cristianos, eligió el camino del sacerdocio desde joven y se entregó a los salesianos expresando su amor por la misión. Ordenado sacerdote el 15 de marzo de 1924 en Milán, recibió el 5 de octubre el crucifijo misionero en Turín, en la Basílica de María Auxiliadora. Partió entonces hacia la India, primero a Assam y luego a Tamil Nadu. Se hizo pobre entre los pobres, recorrió a pie grandes distancias atrayendo a Cristo a numerosas personas. Obligado a una interrupción forzosa durante la Segunda Guerra Mundial, fue encarcelado junto con muchos otros, pero también allí mostró una fuerza espiritual que consolaba y sostenía a sus compañeros de cautiverio. Afectado por una grave forma de artrosis, fallece en Dibrugarh, en la India, el 30 de enero de 1957, en vísperas de la fiesta de San Juan Bosco.

El santo de los caramelos

Los caramelos de naranja y limón eran los compañeros de viaje de fray Nazareno de Pula: al regalarlos, recomendaba rezar un Ave María a la Virgen al comer uno. Por este motivo se le conoce como el «santo de los caramelos», que aún hoy sus hermanos capuchinos reparten entre los fieles, tras haberlos bendecido en su celda, en el Santuario dedicado a la Virgen de la Consolación, mandado construir por el propio fray Nazareno, en Pula, cerca de Cagliari. Nacido en este pequeño municipio sardo en 1911 en el seno de una numerosa familia campesina, Giovanni Zucca fue enviado a África durante la Segunda Guerra Mundial y, tras ser capturado por los ingleses en Etiopía en 1941, permaneció prisionero durante unos cuatro años. A su regreso, se encuentra con el Padre Pío de Pietrelcina, a quien le expresa su deseo de hacerse fraile y de estar a su lado, pero él le invita a volver a Cerdeña para seguir adelante con su vocación en su tierra. En 1951, Giovanni, a los 39 años, solicita ingresar como hermano laico en la orden de los Frailes Capuchinos de Cerdeña. Admitido en el noviciado del convento de Sanluri, recibió el hábito de los capuchinos, tomando el nombre de fray Nazareno. Hombre de oración, dispuesto a realizar las tareas más diversas siempre con humildad —mendicante, cocinero, jardinero—, en 1986 se instaló en una pequeña casa en el campo de Pula, donde unos años más tarde se erigiría el santuario dedicado a la Virgen. Es precisamente allí donde descansa su cuerpo tras su fallecimiento en 1992 a causa de un tumor.

Se publicó primero como Serán beatificados 80 mártires de la Guerra Civil Española y el patriarca maronita Hoyek

Europa Hoy

Periodista especializado en noticias europeas y política internacional.