Comunicado de www.vaticannews.va —
En su discurso inaugural del evento de alto nivel «La IA y el futuro del trabajo», celebrado en Roma, la hermana Raffaella Petrini, presidenta de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, insiste en que «el futuro del trabajo no está en las máquinas, sino en las decisiones morales de la humanidad», y sugiere que, aunque no debemos temer a la inteligencia artificial, tampoco debemos aceptarla sin más.
Deborah Castellano Lubov – Ciudad del Vaticano
“En última instancia, el futuro no está en las máquinas, sino en las decisiones morales de la humanidad”.
Este recordatorio clave fue expresado por la hermana Raffaella Petrini, presidenta de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, durante un encuentro de alto nivel sobre “IA y el futuro del trabajo”, celebrado el martes 5 de mayo de 2026 por la mañana en la Pontificia Universidad Gregoriana.
El evento, convocado por la Embajada de Estados Unidos ante la Santa Sede y copatrocinado por los embajadores ante la Santa Sede de Australia, Reino Unido, Canadá, Japón, Taiwán y Estados Unidos, junto con la Universidad de Georgetown, el Instituto Católico de Tecnología y el Instituto Leonum para IA y Tecnologías Emergentes de la Universidad Católica, reunió a voces destacadas para explorar las fronteras de la inteligencia artificial y el futuro del trabajo.
El diálogo congregó a creadores de tecnología, teólogos, especialistas en ética, reguladores, responsables políticos, académicos y representantes de la sociedad civil para debatir sobre la IA, el futuro del trabajo y la responsabilidad compartida de dar forma a ese futuro.
La hermana Petrini reflexiona sobre una “encrucijada crucial”
En su intervención principal, la hermana Petrini argumentó que la inteligencia artificial es una fuerza transformadora que exige una responsabilidad compartida.
“En la actual era de profunda innovación, la IA ofrece un enorme potencial, pero también nos sitúa ante una encrucijada crucial”, afirmó, subrayando que “es necesario tomar decisiones para garantizar que esta tecnología sirva a los intereses de toda la humanidad, priorizando siempre los valores humanos y sociales por encima de todo”.
La presidenta de la Gobernación vaticana observó que el trabajo es uno de los ámbitos más importantes de estas decisiones, “no solo porque la Iglesia lo considera una dimensión fundamental de la existencia del ser humano en la tierra, sino también porque, independientemente de su contenido objetivo, es una dimensión que permite a la persona realizar su humanidad”.
“En otras palabras -explicó- el trabajo permite a la persona cumplir su vocación como ser humano”, al tiempo que reconoció que vivimos en una época en la que la inteligencia artificial está redefiniendo el trabajo y la comunicación.
Transformación del mercado laboral: oportunidades y nuevas exclusiones
A continuación, planteó una pregunta de fondo: ¿qué significa ser humano en un mundo cada vez más automatizado?
“La inteligencia artificial es en realidad más que una herramienta. Es una fuerza transformadora”, enfatizó, reconociendo que “la automatización y el uso creciente de sistemas inteligentes están reconfigurando el mercado laboral, creando nuevas oportunidades, pero también nuevas formas de exclusión”.
La responsable vaticana llamó la atención sobre algunos desarrollos positivos de esta tecnología reseñados en un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) titulado “Revolucionar la salud y la seguridad: el papel de la IA y la digitalización en el trabajo”.
Según ese estudio, destacó, “la digitalización y la automatización pueden reducir significativamente la exposición a riesgos, prevenir accidentes laborales y mejorar las condiciones generales de trabajo”, lo que “no solo mejora la seguridad y la salud en el trabajo, sino también la forma en que se supervisan”.
“Sin embargo -advirtió- también pueden surgir riesgos potenciales como la vigilancia excesiva, la intensificación del trabajo, así como desafíos físicos y psicosociales”.
La hermana Petrini recordó que la OIT ha pedido “un enfoque proactivo, basado en evidencias y participativo” para mitigar estos riesgos.
Asimismo, aseguró que las consecuencias del cambio tecnológico sobre trabajadores cualificados y no cualificados pueden manifestarse en forma de complementariedad o sustitución.
Tecnología al servicio del ser humano, no para reemplazarlo
El cambio tecnológico, añadió, también está fuertemente influido por decisiones institucionales.
Indicó que muchos expertos insisten en que la tecnología está destinada a servir a las personas, no a reemplazarlas, y han propuesto una alianza entre humanidad y tecnología basada en la responsabilidad, la cooperación y la educación.
“La inteligencia artificial puede ser una forma muy útil de aprender, una manera de percibir, si está guiada por una visión o utilizada como herramienta”, afirmó.
Al subrayar la necesidad de una visión que sitúe a la persona en el centro -lo que implica una responsabilidad compartida-, se refirió también al papel de los gobiernos.
“Los gobiernos están llamados a regular, a innovar con conciencia; los educadores, a formar ciudadanos informados; y cada uno de nosotros, a utilizar la tecnología de manera crítica y responsable”, puntualizó.
“No debemos temer la IA, pero tampoco aceptarla sin más”
Petrini sostuvo que, si se reconoce que la persona -creada a imagen de Dios- es siempre el sujeto de todo trabajo, entonces es necesaria la cooperación internacional para promover una visión integral del progreso, no solo técnica.
En este contexto, llamó a que el desarrollo tecnológico no deje de lado el crecimiento humano, cultural y espiritual.
“No debemos temer a la IA, pero tampoco aceptarla ciegamente”, afirmó, reconociendo que, aunque algunos investigadores sostienen que las máquinas pueden y deben regirse por estándares éticos, aún se requiere mayor acción.
“En última instancia, el futuro no está en las máquinas, sino en las decisiones morales de la humanidad”, insistió. “Tenemos la capacidad y la responsabilidad de decidir si esta nueva era tecnológica, en todos los ámbitos, dará lugar a una mayor justicia y solidaridad o a nuevas desigualdades”.
Tras destacar también cómo el Vaticano está abordando concretamente el campo de la inteligencia artificial, añadió: “La IA es una realidad que seguirá teniendo un profundo impacto en las acciones humanas -incluido el trabajo- desde el punto de vista profesional y social, pero su trayectoria no está predeterminada, ya que refleja las decisiones, valores e intereses de quienes la diseñan y aplican”.
Programa con expertos, líderes y responsables públicos
El programa del encuentro comenzó con la apertura a cargo de Laura Hochla, de la Embajada de Estados Unidos ante la Santa Sede, seguida de las palabras de bienvenida del padre Mark Lewis, rector de la Universidad Gregoriana, quien subrayó que el tema requiere reflexión seria.
Al insistir en la importancia de los valores éticos en el uso de la inteligencia artificial, el rector afirmó que ahora corresponde también a la universidad preparar adecuadamente a sus estudiantes.
Anthony C. Y. Ho, embajador de Taiwán ante la Santa Sede, presentó un marco de cooperación global y recordó que la IA plantea cuestiones fundamentales sobre ética, trabajo y dignidad humana, subrayando que, como afirma el Papa León XIV, la IA debe estar al servicio de la humanidad, y no al revés. Incluso bromeó comentando que sus palabras no habían sido generadas por inteligencia artificial.
A continuación, el embajador estadounidense ante la Santa Sede, Brian Burch, reflexionó sobre la necesidad de humildad, calificando la inteligencia artificial como “uno de los temas determinantes de nuestro tiempo”, que exige responsabilidad compartida. Subrayó además que su impacto en el trabajo no es abstracto, sino práctico y urgente.
También intervino Éric Salobir, quien ofreció una visión sintética sobre la IA y el futuro del trabajo. Recordó que, según una encuesta de Gartner de 2025, el 65 % de los empleados se muestra entusiasmado por usar IA en el trabajo, aunque persisten temores relacionados con la pérdida de empleo, la falta de precisión, la transparencia, la reputación y la seguridad de los datos.
El padre Paolo Benanti, experto en la materia, abordó la dimensión teológica del trabajo y su dignidad, recordando que, según la visión cristiana, la persona se define por lo que es, no por lo que produce. Reiteró que la tecnología no debe rechazarse, sino entenderse como complemento, evitando reducir a los trabajadores a meras variables de coste.
Cómo adquirir competencias en la era de la IA
Por su parte, Noam Yuchtman, de la London School of Economics, ofreció una perspectiva económica, acotando que quienes se beneficiarán de la IA serán aquellos con conocimientos especializados o con responsabilidades clave. Sin embargo, planteó el desafío actual: cómo adquirir esa especialización en la era de la inteligencia artificial.
“Como individuos, ciudadanos, educadores, directivos y responsables políticos, tenemos un doble mandato: desarrollar habilidades que nos permitan crear y utilizar la IA, y seguir invirtiendo en aquellas capacidades profundamente humanas y sociales”, afirmó.
La sesión concluyó con la intervención de George Osborne, quien afirmó que las estadísticas indican que un 18% de los empleos enfrenta un riesgo real debido a la IA, aunque en el futuro previsible los seres humanos seguirán siendo necesarios en muchos ámbitos laborales.
“La mejor pregunta -concluyó- no es si desaparecerán los trabajos, sino cómo cambiarán las tareas y los empleos”.
Se publicó primero como Sor Petrini: El futuro del trabajo depende de decisiones humanas, no de máquinas
