Mar, 5 May 2026 17:39
Volver a la portada

El encuentro de los testigos de Chernóbil con el Papa

El encuentro de los testigos de Chernóbil con el Papa

Comunicado de www.vaticannews.va —

Los «liquidadores» enviados por la URSS para remediar el desastre de 1986 participaron en la audiencia con León XIV, el pasado 29 de abril: perdimos la salud, amigos y colegas, pero nunca la esperanza ni la fe en Dios, en su protección y en su misericordia.

Svitlana Dukhovych – Ciudad del Vaticano

«Hace cuarenta años intervinimos para defender a nuestro país, Ucrania, y al mismo tiempo salvamos a Europa y al mundo entero de una catástrofe aún mayor. Sí, perdimos la salud, perdimos amigos, colegas, pero nunca perdimos la esperanza ni la fe en Dios, en su protección y en su misericordia». Es el relato de Yurij Buchok, médico psiquiatra y profesor ucraniano, uno de los llamados «liquidadores» de Chernóbil enviados por la Unión Soviética para contener y remediar las consecuencias del desastre nuclear del 26 de abril de 1986.

Yurij Buchok, junto con otras 40 personas involucradas en la liquidación de la central de Chernóbil, participó el pasado miércoles 29 de abril en la audiencia general del Papa León XIV. Junto con Andriy Kulchytskyi, piloto en aquella época, e Ivan Yatsenko, bombero, cuenta a Radio Vaticana-Vatican News la trágica experiencia vivida hace 40 años.

  El Papa con los participantes ucranianos en la audiencia

El Papa con los participantes ucranianos en la audiencia   (@Vatican Media)

Un encuentro que quedó grabado en el corazón

«El encuentro con el Papa realmente se nos quedó en el corazón —afirma Ivan Yatsenko—; muchos de mis colegas soñaban con venir a Roma y conocer al Papa. Lamentablemente, no todos pudieron hacerlo. Estoy agradecido al Vaticano y al Santo Padre por habernos dedicado su tiempo y por su apoyo, con la esperanza de que nos recuerde en sus oraciones tanto a nosotros, los liquidadores del accidente de Chernóbil, como a los militares ucranianos, porque ahora hay guerra en nuestro país».

«Lamentablemente, muchos de aquellos con quienes estuvimos hace cuarenta años ya no están con vida, pero siempre los recordamos y recordamos el trabajo realizado en aquella época por los liquidadores de Chernóbil», añade Andriy Kulchytskyi, jefe de la Organización Internacional “Unión Chernóbil-Fukushima”, que reúne a personas con discapacidad y víctimas de catástrofes tecnológicas. Kulchytskyi expresa luego su gratitud a la embajada de Ucrania ante la Santa Sede por el apoyo brindado en la organización de su peregrinación a Roma.

  Los participantes ucranianos en la audiencia con el Papa León XIV

Los participantes ucranianos en la audiencia con el Papa León XIV   (@Vatican Media)

El relato de la tragedia de Chernóbil

Cada uno de nuestros interlocutores podría contar durante horas su experiencia de ese trágico capítulo de la historia, que comenzó el 26 de abril de 1986, y de los meses posteriores. Lo que une estos relatos es la conciencia de haber sido privados de información esencial sobre el verdadero alcance del peligro debido a una política deliberada de las autoridades soviéticas destinada a ocultar la verdad. En aquella época, Andriy Kulchytskyi era un joven piloto. Entre las tareas de su tripulación se encontraba el transporte de personas hacia el reactor y la fumigación de la zona con sustancias contra el polvo radiactivo. Como dispositivos de protección solo contaban con un equipo militar estándar, una máscara antigás y un respirador, que a menudo no usaban debido al calor y a la imposibilidad de darse cuenta del peligro real de la situación. Kulchytskyi recuerda que recolectaban hongos a unos 12 kilómetros del reactor, o incluso más cerca. «A partir del tercer día, sin embargo, ya no lo hicimos —recuerda—, porque los médicos habían comenzado a advertir sobre los riesgos alimentarios y, al comer, sentíamos un regusto extraño en los hongos. Quien ha estado en Chernóbil lo sabe, allí incluso el aire tiene un sabor particular. Pero, en general, no sentíamos la radiación, porque, por así decirlo, “no picaba”».

Los primeros síntomas tras el accidente

Yurij Buchok, entre julio y agosto de 1986, trabajaba como médico en la zona de Chernóbil, con la tarea de brindar asistencia no solo a la población local, que para entonces prácticamente había desaparecido, sino también a los liquidadores. «Allí, de hecho —cuenta—, se observaban trastornos de diversa índole, no solo físicos, sino también mentales. Había reacciones agudas al estrés. Incluso en el verano de 1986 nadie entendía aún del todo lo que realmente estaba pasando. Antes de la tragedia de Chernóbil, nos enseñaban a seguir los protocolos aprobados en los años 50, tras las primeras explosiones nucleares en Hiroshima y Nagasaki, y tras el accidente en la central nuclear de Three Mile Island (Pensilvania, EE. UU.). Pero en Chernóbil el fondo radiactivo era completamente diferente. Allí la central «resoplaba» continuamente y todo ese polvo y esos gases se depositaban en el suelo y sobre las personas. El nivel de radiación era mucho más alto y estable». Al principio, cuenta Yurij, el nivel de radiación se medía con equipos obsoletos. Cuando llegaron los detectores japoneses, que eran más precisos, pudieron constatar lo elevada que era la radiación: «Empezábamos a darnos cuenta de la gravedad de la situación incluso cuando, por ejemplo, veíamos a un simple gato completamente sin pelo».

Los primeros liquidadores y la vida después de Chernóbil

Ivan Yatsenko recuerda el heroísmo de sus colegas bomberos —Volodymyr Pravyk, Viktor Kibenok, Volodymyr Tyshura, Mykola Titenok, Vasyl Ihnatenko y Mykola Vashchuk— que fueron de los primeros en llegar al lugar del incendio en la central nuclear de Chernóbil, en la noche del 26 de abril de 1986. Sufrieron de inmediato el impacto total de la radiación, pero lograron impedir que el fuego se propagara a los demás reactores. Sin ninguna protección específica contra la radiación, apagaron el incendio en el techo del reactor y de la sala de máquinas, contribuyendo a salvar la central. Todos recibieron dosis letales de radiación y murieron en las semanas posteriores al accidente, en un hospital de Moscú. A pesar de ello, cuenta Yatsenko, no había preocupación tanta por la propia salud: «Los problemas empezaron a notarse de verdad solo después de unos quince años. Tras la revisión anual a la que debían someterse los liquidadores, nos enviaron a todos al hospital para recibir tratamiento. Y así comenzaron los problemas en el trabajo. Nuestros comandantes nos presionaban para que solicitáramos la invalidez. Y así, en 1998, tuvimos que solicitar la invalidez. Había períodos en los que la salud era realmente pésima: enfermedades cardiovasculares, problemas en el aparato musculoesquelético, dolor en las rodillas, piernas hinchadas y todo lo demás. Debido a todo esto, en la familia nos quedamos sin dinero. Las pensiones eran realmente irrisorias, aproximadamente la mitad del salario que percibíamos. Intentábamos sobrevivir como podíamos y, gracias a Dios, hemos llegado hasta hoy».

El mal no puede vlíquido

«Nuestra tarea, aún hoy —afirma Yurij Buchok—, es subrayar que la información no debe ocultarse, sino ponerse al alcance de la gente». Hace cuarenta años, los liquidadores no escatimaron esfuerzos para evitar una catástrofe aún más grave y hoy sus hijos se ven obligados a luchar para defender la libertad de su país. «Ante todo, defendemos los valores. El mal no puede vencer. Ahora estamos llenos de fe y de gratitud —concluye Yurij— no solo por la invitación a venir aquí al Vaticano, sino también por el hecho de estar vivos y de poder seguir viviendo».

Se publicó primero como El encuentro de los testigos de Chernóbil con el Papa

Europa Hoy

Periodista especializado en noticias europeas y política internacional.