Comunicado de www.vaticannews.va —
A los jóvenes y las familias reunidas en el Estadio de Bata, León XIV respondiendo, uno a uno, a los testimonios puestos a su reflexión, habló del valor del esfuerzo y la disciplina en la vida y el trabajo digno, del reto laboral de la mujer, de la felicidad en la entrega a Dios; de la misión apasionante de ser esposos y padres.
Alina Tufani Díaz – Ciudad del Vaticano
Música, cantos, colores, sonrisas, alegría, en el Estadio de Bata, unas 50 mil personas, entre jóvenes y familias, seminaristas, sacerdotes y el pueblo fiel de Bata e incluso de Gabón, le han dado una “cálida bienvenida” al Papa. Al agradecer tanto afecto, el Pontífice ha recordado el lema de la visita a Guinea Ecuatorial “Cristo, Luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza”, asegurando que “ la luz más resplandeciente ahora es la de sus ojos, sus rostros, sus sonrisas y sus cantos, en los que todo da testimonio de que Cristo es alegría, sentido, inspiración y belleza para nuestra vida”.
Han traído objetos sencillos y ordinarios —un bastón, una red, la reproducción de una isla, una barca, un instrumento musical— que hablan de su vida y de los valores antiguos y nobles que la animan, como el servicio, la unidad, la hospitalidad, la confianza y la fiesta. Es el legado luminoso y arduo del que ustedes, queridos jóvenes, están llamados a ser, en la fe, el fundamento de su futuro y del futuro de esta tierra.
La cultura del esfuerzo
El discurso del Papa, además de la bienvenida del Obispo Administrador Apostólico de Bata, Monseñor Miguel Ángel Nguema Bee, estuvo precedida por una serie de testimonios que fueron el hilo conductor, uno a uno, de su reflexión. Comenzando por Alicia quien habló de la importancia de ser fieles a nuestros deberes y de contribuir, con el trabajo cotidiano, al bien de la familia y de la sociedad.
Compartió con nosotros su sueño de una tierra “en la que los jóvenes, hombres y mujeres, no busquen el éxito fácil, sino que elijan la cultura del esfuerzo, de la disciplina, del trabajo bien hecho y que esto sea valorado”. Dijo que ser cristiana significa, además de participar en la celebración eucarística, trabajar con dignidad y tratar a todos con respeto, refiriéndose también al reto que supone ser mujer en el mundo laboral.
Siguiendo al Señor recibirán “cien veces más”
Luego, la respuesta del Santo Padre al seminarista Francisco Martín quien hablando de su llamada a la vocación compartió no solo la alegría de abrir “de par en par” su vida a Dios, sino también las tribulaciones antes de su fíatsí Señor, que asumió con alegría y una profunda serenidad.
“Una vida entregada a Dios es una vida feliz, que se renueva cada día en la oración, en los sacramentos y en el encuentro con los hermanos y hermanas que el Señor pone en nuestro camino. En la comunión de los corazones y en la acción solícita hacia quienes tienen necesidad, se renuevan los milagros de la caridad. Por eso, si sienten que Cristo los llama a seguirlo en un camino de especial consagración —como sacerdotes, religiosas, religiosos—, no tengan miedo de seguir sus pasos.
La familia: terreno fértil de crecimiento humano y cristiano
A las familias presentes, el ejemplo de Purificación y Jaime Antonio, sirvió para recordales que confiados a Dio, sus familias pueden crecer en la unión, acoger la vida como un don que hay que custodiar y educar para el encuentro con el Señor.
Ser esposos y padres es una misión apasionante, una alianza que hay que vivir día a día, en la que se redescubren siempre nuevos el uno para el otro, hacedores, junto con Dios, del milagro de la vida y constructores de felicidad, para ustedes y para sus hijos. Prepárense para vivir esta llamada como un camino de amor verdadero, que crece en la libertad; un camino de esperanza que nace de la conciencia de que Dios no los abandona; un camino de santidad que busca siempre el bien y la felicidad del otro.
Respeto a la vida que nace y crece
Por último, el Santo Padre agradeció la “sinceridad y la valentía”, un adolescente de 13 años, hijo de madre soltera, abandonado por su padre, cuyas palabras “deben animarnos a construir un mundo mejor, basado en el respeto por la vida que nace y crece”. Cultivar, vivir y dar testimonio de la vida no obstante los sacrificios, juicios, prejuicios y estereotipos que intenten menospreciar su valor.
Víctor Antonio nos ha recordado que acoger la vida requiere amor, compromiso y cuidado, y estas palabras en boca de un adolescente deben hacernos pensar seriamente en lo importante que es proteger y cuidar a la familia y los valores que se aprenden en ella.
Seamos testigos del amor que Jesús nos ha dado
Que cada persona se sienta respetada y nadie sea olvidado, que las instituciones sean partícipes de la transformación del mundo y que juntos hagamos de esllo un propósito firme, un compromiso alegre, para que Cristo, Luz de Guinea Ecuatorial, de África y del mundo entero, pueda guiarnos a todos hacia un futuro de esperanza.
Queridos jóvenes, padres y todos los aquí presentes, dejémonos entusiasmar por la belleza del amor, seamos testigos del amor que Jesús nos ha dado y enseñado. Seamos testigos cada día de que amar es hermoso, de que las alegrías más grandes, en todos los ámbitos, provienen de saber dar y de entregarse, especialmente cuando servimos a los más necesitados. La luz de la caridad, cultivada en los hogares y vivida en la fe, puede transformar verdaderamente el mundo.
Se publicó primero como El Papa en Bata: Si Cristo los llama no tengan miedo, elijan el esfuerzo, no el éxito fácil






