Mientras los mercados financieros globales observan los altibajos diarios de los precios de las criptomonedas, ha surgido silenciosamente una profesión completamente nueva e inusual en la tecnología…
Mientras los mercados financieros globales observan los altibajos diarios de los precios de las criptomonedas, ha surgido silenciosamente una profesión completamente nueva e inusual en el sector tecnológico: la de los arqueólogos digitales. Se trata de ingenieros de software, expertos en ciberseguridad y descifradores de códigos especializados cuyo único propósito es desenterrar o desbloquear cientos de millones de dólares en bitcoins perdidos en los albores de la era digital.
El último análisis de blockchain muestra que alrededor del 20 por ciento de todos los bitcoins existentes ahora están irremediablemente perdidos. Descansan en billeteras digitales con contraseñas olvidadas o en discos duros desechados de la época en que las criptomonedas valían solo unos pocos centavos.
El drama de un vertedero por 500 millones
El caso más emblemático en el mundo de las criptomonedas sigue siendo el del ingeniero informático británico James Howells de la ciudad de Newport. En 2013, durante una limpieza de rutina de su casa, arrojó por error a la basura un disco duro que contenía las claves privadas de 8.000 bitcoins. En aquel momento la cantidad parecía insignificante, pero hoy el valor de esta pieza de metal supera los cósmicos 500 millones de dólares.
Desde entonces, Howells ha estado librando una agotadora batalla legal y administrativa con el ayuntamiento de Newport para obtener permiso para excavar el vertedero local. El ingeniero incluso atrajo a un consorcio de inversores internacionales y expertos en inteligencia artificial. Propuso un proyecto para escanear la basura con perros robóticos y sistemas de inteligencia artificial, prometiendo donar una gran parte de los fondos a la comunidad local, pero las autoridades se negaron categóricamente por razones de seguridad ambiental. Así, uno de los mayores tesoros modernos permanece enterrado bajo toneladas de residuos domésticos.
Láseres y nitrógeno líquido contra chips autodestructivos
Para las personas que conservaron su hardware pero perdieron sus códigos de acceso, la salvación está en laboratorios forenses digitales especializados. Programadores y hackers de sombrero blanco en California y Zurich realizan “operaciones quirúrgicas” reales en unidades flash IronKey cifradas. Estos dispositivos tienen una protección brutal y se borran permanentemente después de exactamente diez intentos de contraseña incorrectos.
Entre los clientes de estos servicios se encuentra el programador alemán Stefan Thomas, propietario de un dispositivo de este tipo con 7.002 bitcoins. Ya ha gastado ocho de sus intentos y está a sólo dos pasos de borrar por completo su fortuna. Para salvar dichos activos, los arqueólogos digitales utilizan nitrógeno líquido para «poner a dormir» los mecanismos de seguridad del chip y láseres para intentar leer la memoria a nivel molecular antes de que el dispositivo lea el código incorrecto.
La descentralización como tumba eterna
La gran paradoja de la tecnología blockchain reside en su mayor fortaleza: la seguridad absoluta e inflexible. En el mundo financiero tradicional, el sistema bancario siempre puede confirmar la identidad de un cliente y restablecer el acceso a su dinero. Sin embargo, en el mundo descentralizado de las criptomonedas, no hay administradores, ni servicio al cliente ni botón de contraseña olvidada.
Cuando se pierde la clave privada, un algoritmo matemático bloquea los fondos para siempre. Siguen siendo totalmente visibles para todo el mundo en el registro público, pero nadie podrá moverlos jamás. Así, miles de millones de dólares permanecen bloqueados en la red como galeones españoles hundidos en el fondo del océano, convirtiendo la criptoarqueología en la búsqueda del tesoro más lucrativa pero también la más insegura del siglo XXI.
Foto ilustrativa: pexels-karola-g-5980213
Publicado anteriormente en The European Times.
