Dom, 7 Jun 2026 05:26
Volver a la portada

Madrid, donde los voluntarios preparan el abrazo a León XIV

Madrid, donde los voluntarios preparan el abrazo a León XIV

Comunicado de www.vaticannews.va — Madrid, donde los voluntarios preparan el abrazo a León XIV

Desde la parroquia de San Jorge, junto al Bernabéu, el rostro menos visible de la visita apostólica. Entre miles de jóvenes y familias al servicio de los peregrinos, la historia de Pilar, que ha reencontrado la fe después de años de alejamiento.

Silvina Pérez – enviada a Madrid

Dentro de pocas horas, cuando las luces de la tarde comiencen a encenderse sobre la capital española y dé comienzo la gran vigilia que precede al encuentro con León XIV, miles de personas ocuparán ya sus puestos. Unos acogerán a los peregrinos, otros distribuirán información y otros colaborarán con los servicios sanitarios y de seguridad. Detrás de la organización de la visita apostólica hay un ejército silencioso de voluntarios que lleva días trabajando lejos de los focos.

El corazón de esta movilización late en la parroquia de San Jorge, a pocos pasos del estadio Santiago Bernabéu. Aquí, mientras Madrid mantiene el ritmo frenético de una gran capital europea, centenares de personas entran y salen del patio parroquial para recoger el material necesario para el servicio que desempeñarán durante los días de la visita papal.

Jóvenes, jubilados, enfermeros, profesores, estudiantes universitarios. Reciben una camiseta de color, una botella de agua, crema solar, una mochila y las últimas indicaciones operativas. Después se marchan. Saben que les esperan jornadas intensas y que habrá poco tiempo para descansar.

Forman parte de los cerca de dieciocho mil voluntarios que en estas horas se preparan para acoger a León XIV y a los miles de peregrinos llegados de toda España y del extranjero.

Algunos distribuirán la comunión durante las celebraciones. Otros colaborarán con el Samur, Protección Civil y los servicios sanitarios. Muchos estarán implicados en las tareas de acogida, en las parroquias, en los colegios y en los centros que reciben a los peregrinos.

Pilar sostiene entre los dedos la acreditación que acaba de recibir. Tiene poco más de treinta años. Observa el constante ir y venir de personas a su alrededor y sonríe con cierta timidez.

“Si alguien me hubiera dicho hace unos años que estaría aquí como voluntaria en una visita del Papa, no me lo habría creído”.

La suya no es la historia de una conversión repentina. Es más bien la de un regreso lento y paciente.

Durante años, la fe permaneció en los márgenes de su vida. No por rebeldía. Tampoco por rechazo. Simplemente por una distancia que fue creciendo casi sin hacer ruido. Los estudios, el trabajo, las obligaciones cotidianas. Y, sobre todo, una sensación difícil de explicar.

“Tenía todo lo que pensaba que debía tener y, sin embargo, sentía que faltaba algo», cuenta. «Había una especie de vacío que no conseguía llenar”.

Ese vacío, sin embargo, acabó obligándola a detenerse. A hacerse preguntas. A entrar casi por casualidad en una iglesia. Y después a volver una y otra vez.

“Descubrí que la fe no elimina los problemas. Pero sí da un sentido diferente a las cosas. Comprendí que lo que buscaba no era una respuesta inmediata, sino una dirección”.

Mientras habla, continúan llegando voluntarios a su alrededor. Algunos reciben las últimas instrucciones. Otros revisan los listados. Los colores de los uniformes naranja, verde y azul, distinguen los distintos servicios.

Hay quienes trabajarán en los puntos de acogida, quienes acompañarán a los peregrinos por los itinerarios previstos para los actos, quienes colaborarán con los servicios de emergencia y quienes se ocuparán de la logística.

En los colegios salesianos se preparan espacios para acoger a miles de personas. Otros peregrinos encuentran alojamiento en las parroquias de la ciudad. Desayunos que organizar, camas que preparar, información que proporcionar, recorridos que indicar.

Un ejército silencioso. “Nuestra misión es sencilla”, explica una voluntaria encargada de la acogida. “Hacer que quien llega se sienta como en casa”.

Quizá sea precisamente esta la palabra que atraviesa las horas previas a la llegada del Papa, hogar.

Para algunos significa abrir la puerta a un desconocido. Para otros, poner a disposición su tiempo, sus competencias profesionales y sus energías. Para Pilar ha adquirido un significado todavía más profundo. “Creo que servir a los demás es la forma más concreta que he encontrado de dar las gracias”.

Fuera, Madrid sigue avanzando bajo el intenso sol de junio.

Dentro de la parroquia de San Jorge, en cambio, toma forma el rostro menos visible de la visita apostólica. El que no subirá a los escenarios y difícilmente aparecerá en las fotografías oficiales.

El rostro de miles de personas que, incluso antes de la llegada de León XIV, ya están construyendo la visita.

Se publicó primero como Madrid, donde los voluntarios preparan el abrazo a León XIV

Europa Hoy

Las Noticias de España, Europa y el mundo, que importan. www.europahoy.news