Comunicado de www.vaticannews.va —
El presidente de la Pontificia Academia para la Vida inauguró un congreso en el Palacio Lateranense sobre el tema «La inteligencia artificial y el futuro de la dignidad humana», organizado en colaboración con Deloitte Central Mediterranean. Hablar de gobernanza, de capital, de transición demográfica, de trabajo y de competencias, explicó, significa hoy «preguntarse quién dirige estos procesos, con qué criterios y con qué efectos sobre los más vulnerables»
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«La inteligencia artificial puede ser una ayuda valiosa, pero no puede decidir por sí sola qué es justo, qué es humano, qué merece ser protegido. Esa responsabilidad sigue siendo nuestra». Así lo subrayó monseñor Renzo Pegoraro, presidente de la Pontificia Academia para la Vida (PAV), al presentar la tarde del 25 de mayo, el coloquio «La inteligencia artificial y el futuro de la dignidad humana. Un puente a través de las transiciones demográficas y laborales», celebrado en la Sala de la Conciliación del Palacio Lateranense. Un evento organizado por la PAV en colaboración con Deloitte Central Mediterranean y bajo el patrocinio de la Pontificia Universidad Lateranense. La sesión se inauguró con las intervenciones de monseñor Pegoraro, de Fabio Pompei, director general de Deloitte Central Mediterranean, y del director general de la FAO, Dongyu Qu.
IA, un desarrollo vinculado a la dignidad de la persona
En su introducción, el presidente Pegoraro explicó que es significativo que la encíclica Magnífica humanidad el primer gran texto del papa León XIV, «evoque, desde el inicio de su pontificado, una cuestión que hoy está ante los ojos de todos: la tecnología nunca es neutra cuando se adentra tan profundamente en el trabajo, en el cuidado, en las relaciones sociales y en las decisiones colectivas». La encíclica, añadió, nos recuerda que la pregunta decisiva «no es solo qué puede hacer la inteligencia artificial, sino si su desarrollo seguirá estando realmente orientado a la dignidad de la persona y al bien común». Creo, aclaró de nuevo monseñor Pegoraro, «que este es también el sentido del encuentro de hoy. Hablar de gobernanza, de capital, de transición demográfica, de trabajo y de competencias significa preguntarse quién guía estos procesos, con qué criterios y con qué efectos sobre los más frágiles». La Pontificia Academia para la Vida, a través de su presidente, asume plenamente esta responsabilidad: «recordar que la innovación es auténticamente humana solo cuando no reduce a la persona a una función, un dato o una prestación, sino que custodia su dignidad, su libertad y su vocación relacional». En este sentido, la Rome Call for AI Ethics, que la PAV lanzó en 2020, «encuentra hoy una confirmación muy sólida. La inteligencia artificial puede ser una ayuda valiosa, pero no puede decidir por sí sola qué es justo, qué es humano, qué merece ser protegido. Esta responsabilidad sigue siendo nuestra».
Se publicó primero como Pegoraro: la IA no puede decidir por sí sola lo que es justo y humano
