Comunicado de www.vaticannews.va — ![]()
En el marco del centenario de la coronación de Nuestra Señora de los Ángeles, los Obispos de Costa Rica publicaron este 25 de abril, una Carta Pastoral que propone una profunda reflexión sobre la paz en el contexto actual, marcado por la violencia, la incertidumbre y los cambios sociales.
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«La paz esté con ustedes», sobre el don de la paz en Cristo Jesús y sus implicaciones en la vida cotidiana del Pueblo de Dios, este es el título de la Carta Pastoral Colectiva que los Obispos de Costa Rica han publicado este 25 de abril, en el marco del centenario de la coronación de Nuestra Señora de los Ángeles. Inspirados en el saludo de Cristo resucitado —“La paz esté con ustedes”—, el documento invita a toda la sociedad a no dejarse paralizar por el miedo, sino a responder con fe, esperanza y compromiso social.
La paz es un don de Dios y una tarea humana
Dividido en tres capítulos, la Carta desarrolla una idea central: la paz es al mismo tiempo un don de Dios y una tarea humana. Como don, se manifiesta en Jesucristo como reconciliación plena con Dios, con uno mismo, con los demás y con la creación. Como tarea, implica un esfuerzo constante por construir relaciones justas y solidarias en todos los ámbitos de la vida, desde la familia hasta la política.
En este sentido, los Obispos subrayan que no puede existir paz verdadera sin el respeto a la dignidad humana. Esta dignidad, inherente a toda persona desde su concepción hasta la muerte natural, es el fundamento de una sociedad justa. Por ello, insisten en la responsabilidad del Estado y de todos los ciudadanos de proteger la vida y promover el desarrollo integral.
El camino hacia la paz enfrenta múltiples desafíos
Sin embargo, el camino hacia la paz enfrenta múltiples desafíos. La Carta Pastoral Colectiva señala con preocupación la disminución de la natalidad, las amenazas a la vida como el aborto y la eutanasia, y el aumento alarmante de la violencia y el crimen organizado, especialmente vinculado al narcotráfico. Esta situación afecta de manera particular a los jóvenes, muchos de los cuales se ven atrapados en dinámicas de exclusión y delincuencia.
A estos problemas se suman la crisis educativa, el rezago académico y el abandono escolar, así como las persistentes desigualdades sociales. Aunque se han registrado avances, la pobreza, el desempleo y la informalidad laboral siguen afectando a amplios sectores de la población, especialmente en regiones periféricas.
Fuertes implicaciones sociales
La Carta también llama la atención sobre la situación de los agricultores y pescadores, muchas veces olvidados, así como de las poblaciones más vulnerables: personas en situación de calle, comunidades indígenas y migrantes. Asimismo, reconoce con dolor los casos de abuso, tanto dentro de la Iglesia como en otros ámbitos sociales, e insiste en la urgencia de una cultura de prevención, justicia y reparación.
Otro aspecto crítico es la pérdida de confianza en las instituciones públicas, debilitadas por la corrupción y la confrontación política, lo que dificulta el diálogo social y la construcción de consensos. En el ámbito religioso, aunque la mayoría de la población mantiene su fe en Dios, se observa una disminución en la práctica religiosa, lo que plantea nuevos retos para la evangelización.
A pesar de este panorama existen signos de esperanza
A pesar de este panorama, los Obispos destacan numerosos signos de esperanza. Entre ellos, el compromiso de las comunidades cristianas, la entrega de sacerdotes, religiosos y laicos, y el dinamismo de los movimientos eclesiales. La vivencia de la fe, la piedad popular y la devoción a la Virgen de los Ángeles continúan siendo elementos de identidad y unidad nacional.
En su propuesta final, la Carta ofrece caminos concretos para construir la paz. En primer lugar, impulsa una Iglesia misionera y en salida, capaz de anunciar el Evangelio con renovado entusiasmo. Asimismo, propone fomentar una cultura del diálogo, el respeto y la amabilidad, superando la confrontación y la violencia verbal.
El documento resalta el papel clave de los laicos en la transformación de la sociedad, así como la importancia de la familia como escuela de valores. También subraya la necesidad de acompañar a los jóvenes con una pastoral cercana y creativa, que responda a sus inquietudes y los involucre en la vida comunitaria.
Convertirse en “artesanos de la paz”
Además, reafirma el compromiso con los pobres y excluidos, promoviendo una Iglesia acogedora y solidaria. A esto se suma el llamado a una ecología integral y a un uso ético de la tecnología, especialmente ante los desafíos de la inteligencia artificial.
Finalmente, los Obispos invitan a todos los costarricenses a convertirse en “artesanos de la paz”, inspirados en el ejemplo de la Virgen María y de San Francisco de Asís. Con un mensaje de esperanza, concluyen que, a pesar de las dificultades, es posible construir una sociedad más justa, fraterna y pacífica si se pone a Jesucristo en el centro de la vida personal y social.
Se publicó primero como Costa Rica. Obispos ante el desafío de la paz: fe, dignidad y compromiso social
