Comunicado de www.vaticannews.va —
León XIV inicia el Consistorio extraordinario con la celebración de la Eucaristía, reflexionando con los cardenales sobre la fe; el don de la paz: “la guerra nunca es digna del hombre; y nunca será bendecida por Dios”, y la concordia en la obediencia.
Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano
Comienza el Consistorio extraordinario convocado con el Papa León XIV, reunidos en el Vaticano este 26 y 27 de junio para la reflexión sobre cuestiones del Iglesia y del mundo actual. El encuentro con los cardenales con el Papa ha iniciado con la celebración de la Eucaristía en la Basílica San Pedro, para encomendar los trabajos que concluirán con la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo.
En su homilía el Pontífice les recuerda que la savia fecunda de este Consistorio lo señala Cristo el evangelio: «Yo soy la vid verdadera» (Jn 15,1). “Es el propio Evangelio el que prepara las condiciones para que este sea fructífero: «Permanezcan en mí como yo en ustedes» (Jn 15,4)”, dice el Papa. Y luego reflexiona sobre lagunas indicaciones para el discernimiento durante estos días: compartir en la fe la verdadera libertad, pedir el don de la paz en la unidad, y disfrutar de la concordia en la obediencia.
“Mientras pedimos a Dios que nos conceda fuerza y sabiduría, resulta significativo que nuestro Consistorio tenga lugar en la víspera de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo. Detengámonos juntos en esta conmemoración, que recuerda a las columnas de la Iglesia católica y romana, los dos misioneros mártires cuya predicación se fundió con su vida, hasta el punto de volverse parte de las Sagradas Escrituras”, expresó León XIV en su meditación.
En la fe la verdadera libertad
Y luego propone a los cardenales tres indicaciones para el discernimiento durante el desarrollo del Consistorio, “en primer lugar -dice el Papa-, el ejemplo de los santos Pedro y Pablo nos anima a compartir en la fe la verdadera libertad. De hecho, es precisamente la relación con el Señor Jesús la que nos libera del pecado y del miedo: Al tiempo que nos llama a seguirle, Él mismo nos envía al mundo como sucesores de los apóstoles”.
“La fe es esa virtud, nunca dada por sentada, que da vida a la Iglesia, porque corresponde a la gracia que nutre los sarmientos de la única vid. La Iglesia viva es la Iglesia que cree, por el don del Espíritu Santo derramado en nuestros corazones: esta es la Iglesia que da mucho fruto”, afirma el Pontífice.
El don de la paz en la unidad
En segundo lugar, invita a los cardenales a pedir el don de la paz en la unidad: “la guerra nunca es digna del hombre, y nunca será bendecida por Dios, porque el Creador nos ha dotado de inteligencia y voluntad para resolver los conflictos como seres humanos y no como animales, aun cuando se esté dotados de armas hipertecnológicas”.
“La paz es un deber de justicia porque somos una única familia humana, una magnifica humanitas que halla en Cristo a su único jefe y redentor”, reitera el Papa León XIV.
Exhortando a seguir el camino de la “civilización del amor” que retomó en su primera encíclica, ya antes propuesta por Pablo V: “la Iglesia indicaba un camino alternativo a la oposición ideológica entre sistemas, imaginando un orden social en el que la justicia y la caridad se entrelazan”.
La concordia en la obediencia
Y en tercer lugar el Papa les invita a “la concordia en la obediencia, es decir, en la escucha que reconoce el don del Verbo, hecho carne por nosotros. A través de este ejercicio, el Espíritu Santo nos guía, señalándonos Él mismo los problemas y las oportunidades pastorales, purificando las intenciones y corrigiendo lo que se desvía del camino común”.
Señalando de manera especial la práctica sinodal, que “invita a todos a avanzar en la unidad de la fe, en la promoción de la paz y en la obediencia a la Palabra viva, que es Jesús”.
Finaliza el Papa León XIV indicando que “al trabajar juntos, nuestra colegialidad resume la sinodalidad en la que participan todos los bautizados, en la unidad del pueblo de Dios. La sinodalidad y la colegialidad son, en efecto, formas de la fraternidad cristiana que nos une como bautizados y como obispos”.
Se publicó primero como León XIV al inicio del Consistorio: La guerra nunca será bendecida por Dios


