Dom, 26 Abr 2026 12:44
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Mons. José Domingo Ulloa: “La transición energética es un acto de justicia y de fe”

Mons. José Domingo Ulloa: “La transición energética es un acto de justicia y de fe”

Comunicado de www.vaticannews.va — Mons. José Domingo Ulloa: “La transición energética es un acto de justicia y de fe”

En el Encuentro de Espiritualidades por una Transición más allá de los Combustibles Fósiles, Mons. José Domingo Ulloa, arzobispo de Panamá y vicepresidente del Celam, llamó a abandonar el modelo energético basado en combustibles fósiles, afirmando que no se trata solo de un cambio técnico, sino de una decisión moral urgente ante el sufrimiento de los pueblos y el clamor de la creación.

Noticias del Vaticano

Desde Colombia y en el marco del Encuentro de Espiritualidades por una Transición más allá de los Combustibles FósilesMons. José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de Panamá y segundo vicepresidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), ofreció una intervención marcada por la urgencia climática, la esperanza de los pueblos y el llamado a una conversión moral frente al modelo energético actual.

Desde el inicio, el prelado habló con la voz de un país pequeño en territorio, pero grande en heridas ambientales. “Hablo desde Panamá, ese país-puente que hoy también une dolores”, expresó, recordando cómo el avance del mar y la presión sobre los recursos naturales ya amenazan directamente a comunidades enteras, como el pueblo Guna Yala, y ponen en riesgo la biodiversidad y la vida de miles de familias.

Una Iglesia que no puede callar

Mons. Ulloa situó su reflexión desde una Iglesia que no se limita a observar, sino que acompaña el sufrimiento humano y ecológico. “Hablo desde una Iglesia que no mira desde lejos, sino que toca el dolor, lo llora y lo camina”, afirmó, subrayando que el compromiso de las comunidades cristianas no nace de discursos teóricos, sino del contacto directo con realidades golpeadas por el cambio climático.

En ese sentido, destacó el trabajo conjunto entre el Celam, el Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar (Secam) y la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC), señalando que el proceso en marcha no busca sumar un documento más, sino expresar un discernimiento espiritual nacido “del clamor de la tierra y del clamor de los pobres”.

La crisis ecológica como desafío espiritual

El arzobispo insistió en que la crisis climática no puede reducirse a un asunto técnico o económico. Desde la fe cristiana, explicó, la creación no es un objeto de explotación, sino un don confiado por Dios. “La casa común no se nos dio para dominarla sin límites, sino para cuidarla con amor y responsabilidad”, señaló.

Con fuerza, recordó que el deterioro ambiental está íntimamente ligado a la injusticia social: los pobres sufren primero y más intensamente los efectos del calentamiento global, a pesar de ser quienes menos han contribuido a causarlo. Persistir en un modelo dependiente de los combustibles fósiles —dijo— es una contradicción directa del Evangelio.

Del diagnóstico a la acción

Inspirado en el magisterio del Papa Francisco, especialmente en Laudato Si’ y Alabado sea DiosMons. Ulloa recordó el camino recorrido por la Iglesia en los últimos años. Según afirmó, Laudato Si’ fue una invitación a escuchar, mientras que Alabado sea Dios marcó un paso decisivo: ya no basta comprender el problema, es necesario actuar.

En esa misma línea, destacó el impulso del Papa León XIV, quien —según sus palabras— ha reforzado el carácter urgente del momento histórico: “No es una conversación sobre el futuro, es una decisión del presente”.

El prelado también evocó la experiencia vivida en la COP30, en Belém, donde las Iglesias del Sur Global levantaron una voz unificada. Pero señaló que el encuentro en Santa Marta representa un paso más: “Hoy pasamos del diagnóstico a la acción”, afirmó, refiriéndose al Manifiesto presentado como hoja de ruta hacia la COP31.

Cinco convicciones para una transición real

Durante su intervención, Mons. Ulloa delineó cinco convicciones fundamentales que deberían orientar la transición energética: 1. Salir de los combustibles fósiles es una decisión moralno solo técnica: se trata de justicia y dignidad humana; 2. Existe una deuda ecológica históricaque obliga a reconocer la desigualdad estructural que hace que los países pobres paguen más de lo que reciben para enfrentar la crisis climática; 3. No toda solución es verdadera solución: cambiar petróleo por nuevos extractivismos o reducir la crisis a mercados de carbono puede ser solo un maquillaje del problema; 4. Se necesitan instrumentos concretospor lo que expresó su respaldo al Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles; 5. miyo cambio requiere un nuevo estilo de vidadonde la sobriedad sea comprendida como libertad y el “buen vivir” como una propuesta profundamente humana, no como atraso.

Paz, justicia y energía

El arzobispo vinculó la crisis energética con la paz mundial, retomando palabras del Papa León XIV sobre la necesidad de pasar de las palabras a los hechos y construir una “paz desarmada y desarmante”. Mons. Ulloa sostuvo que muchos conflictos armados contemporáneos tienen raíces en la disputa por recursos energéticos, por lo que abandonar los combustibles fósiles no solo es una respuesta climática, sino también una apuesta por la paz.

La voz del Sur Global

Uno de los momentos más contundentes fue su afirmación sobre la autoridad moral de las Iglesias del Sur Global: “No hablamos sobre los afectados, somos comunidades afectadas”, declaró. Esa experiencia directa, aseguró, cambia la urgencia del mensaje. “Hoy el Sur no pide permiso para hablar: convoca al Norte, convoca a los gobiernos, convoca a la humanidad entera”, expresó, señalando que esa convocatoria nace no del poder, sino de la esperanza que brota del sufrimiento.

Un kairós que exige decisión

Mons. Ulloa describió el presente como un “kairós”, un tiempo decisivo donde la historia se abre y exige definiciones. Recordó que la espiritualidad solo tiene sentido si se traduce en compromisos concretos: “Sin alma, los acuerdos se vacían; pero sin decisiones, la espiritualidad se queda en palabras”. Como cierre, dejó una pregunta directa a las conciencias de los líderes políticos, económicos y religiosos del mundo:

“¿Estamos realmente dispuestos a cambiar? ¿A renunciar a lo que destruye para abrazar lo que da vida?”

Y concluyó reafirmando que cuidar la casa común no es un asunto secundario, sino una expresión concreta de la fe: una forma de anunciar que Dios no abandona su creación, y que la humanidad aún puede elegir el camino de la vida.

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Europa Hoy

Periodista especializado en noticias europeas y política internacional.