Lun, 13 Abr 2026 15:26
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El martirio de Caridad y Esther, misioneras agustinas en Argelia

El martirio de Caridad y Esther, misioneras agustinas en Argelia

Comunicado de www.vaticannews.va — El martirio de Caridad y Esther, misioneras agustinas en Argelia

En el marco del 3º Viaje Apostólico del Papa León a Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial publicamos en colaboración con las Ordenes de San Agustín y Agustinos Recoletos, el documental que narra el martirio de Caridad y Esther, misioneras agustinas en Argelia. A través del relato de la hermana agustina, María Jesús Rodríguez, quien revive su camino de discernimiento, su vida misionera en medio de un contexto de violencia y su decisión de permanecer junto al pueblo al que fueron enviadas.

Noticias del Vaticano

La tarde de este lunes, 13 de abril, el Papa León XIV visitará el Centro de Acogida y Amistad de las Hermanas Agustinas Misioneras de Bab El Oued para rendir homenaje a la memoria de dos religiosas de esta comunidad que, durante la guerra civil argelina, estuvieron entre los 19 mártires asesinados entre 1994 y 1996, ofreciendo su testimonio de fe y dedicación. A través del relato directo de la hermana agustina misionera, María Jesús Rodríguez, se revive el martirio de Caridad y Esther, misioneras agustinas en Argelia, su camino de discernimiento, su vida misionera en medio de un contexto de violencia y su decisión de permanecer junto al pueblo al que fueron enviadas. Inspiradas por la Palabra de Dios y sostenidas por la Eucaristía, sus vidas se convirtieron en un auténtico sacrificio pascual. El 23 de octubre, cuando salían a celebrar la Eucaristía, su entrega alcanzó su plenitud en el martirio. Su testimonio sigue dando fruto hoy como signo de esperanza, comunión y fidelidad.

Entrevista a la hermana María Jesús Rodríguez, testigo directo, quien reconstruye la vida, el discernimiento y las últimas horas de Caridad Álvarez y Esther Paniagua, las agustinas misioneras asesinadas en Argelia en 1994.

Una casa que no es solo memoria

Me encuentro con Amparo en General Pardiñas 34 bis pensando que será una entrevista más. La llevamos preparada. Sabemos lo que nos van a contar. Pero no esperamos nada de lo que estamos a punto de ver.

Llamamos al telefonillo. Nos recibe María Jesús: elegante, cabello blanco, mirada serena. Nos invita a pasar. Es la Casa Madre de las Agustinas Misioneras, el lugar desde el que partieron las primeras hermanas hacia Filipinas.

Dentro, todo habla. No hace falta que nadie lo explique. En cada rincón aparecen los rostros de Caridad y Esther. No como recuerdo lejano, sino como una presencia que permanece. Llegamos a la capilla donde reposan sus restos. Allí nos sentamos.

María Jesús pide un libro para sostener entre las manos. “Siempre me han costado las entrevistas”, dice. El libro es suyo: la historia de las beatas españolas. Cerramos la puerta. Y empezamos.

“Era la caridad hecha vida”

—Antes de hablar de lo que pasó —le planteamos—, ¿quiénes eran Caridad y Esther? María Jesús no responde con definiciones, sino con escenas.

Caridad Álvarez —explica— llevaba años en Argelia. Había hecho allí sus votos perpetuos, en Hipona, la tierra de san Agustín. Era una mujer alegre, muy servicial, pendiente de los pequeños detalles.

—Era la que sostenía la casa —dice—. Cocinaba, acogía, escuchaba… Su nombre lo decía todo: era la caridad hecha vida.

En Argel, además de las tareas cotidianas, se ocupaba de algo muy concreto: cada viernes preparaba un té con pastas para los ancianos del barrio. No era un gesto puntual, era una forma de estar. Cuando le preguntamos por Esther Paniagua, el retrato cambia.

—Esther era más interior —explica—. Muy centrada en la fe, muy arraigada en la Palabra.

Durante el discernimiento, recuerda, se apoyó en el profeta Ezequiel, en esa imagen de un pueblo herido que puede volver a la vida por la acción del Espíritu. Y también en Cristo crucificado:

—Decía que parecía un fracaso, pero que de ahí nace la vida.

Permanecer, aun sabiendo el riesgo

Amparo introduce una cuestión clave:

—¿Eran conscientes de que algo así podía pasar?

María Jesús no duda.

—Sí. Eran muy conscientes.

No vivían al margen de la realidad. La situación en Argelia se había deteriorado gravemente. La violencia aumentaba. Los religiosos estaban en el punto de mira.

—Sabían que exponían su vida —insiste—. Pero también sabían por qué estaban allí. Ese “por qué” no tiene que ver con la eficacia.

—No pensaban que iban a solucionar nada —aclara—. Decidieron quedarse para ser compañeras de camino del pueblo argelino. Acompañar. Escuchar. Permanecer.

El discernimiento que lo cambió todo

—¿Por qué estabas tú allí en ese momento? —le pregunto. La respuesta nos lleva a 1994. Tras el asesinato de otros religiosos, los obispos piden a todas las congregaciones que hagan un discernimiento serio: continuar o salir. María Jesús como superiora fue para acompañar ese proceso.

—Fue un tiempo de mucha oración, mucho silencio y mucha comunicación —recuerda—. Cada hermana tenía que decidir en libertad.

Caridad se apoyó en Abraham —“sal de tu tierra”— y en el “sí” de María. Esther, en Ezequiel y en la cruz.

—Las dos decidieron quedarse —resume—. Con plena conciencia.

“¿Somos misioneras solo cuando todo va bien?”

La conversación se vuelve más concreta cuando María Jesús recuerda las horas previas al atentado, era el DOMUND. Habla de una conversación con Caridad. Le había planteado la posibilidad de volver a España.

La respuesta fue inmediata:

—“¿Somos misioneras solo cuando todo va bien?”

Y añadió algo más:

—“Yo hice el discernimiento con todas las consecuencias”.

La frase quedó ahí. Sin dramatismo. Todo esto lo dijo sin saber que en unas horas portaría la palma del martirio.

El día del atentado

Amparo le pide que recuerde el 23 de octubre de 1994.

—Es imposible olvidarlo. Era domingo, aunque en Argelia era día laboral. Habían rezado Laudes, desayunado y comenzado el día con normalidad.

Esther y otra hermana salieron primero hacia el hospital. Caridad se quedó un rato más en casa con María Jesús.

Más tarde, Caridad y Esther salieron hacia la capilla de las Hermanitas de Foucauld.

—Nunca íbamos las tres juntas —explica—. Era una norma de seguridad.

María Jesús y Lourdes salieron unos minutos después. —Estábamos ya muy cerca cuando oímos dos disparos.

Al principio, confusión. Era un sonido que podía formar parte de la violencia habitual de aquellos años. Pero algo no encajaba.

Un joven las ayudó a cruzar la calle. Desde una ventana oyeron dos nombres:

—Caridad… Esther…

Cuando llegaron, la escena ya estaba marcada. Esther había caído en la acera. Caridad, junto a la puerta.

Ambas fueron trasladadas con vida. Esther murió poco después. Caridad falleció horas más tarde en el hospital militar.

—Fue un momento muy duro —dice María Jesús—.

Una presencia que sigue uniendo

La conversación no se detiene en el dolor. Poco a poco, María Jesús habla de lo que vino después. Su rostro cambia del dolor a una serenidad que no se puede comprender si no es desde Cristo.

—Sus vidas han dado mucho fruto.

En la Casa Madre, su presencia es evidente. Pero no se limita a ese espacio.

—No hay que buscarlas —dice—. Ellas nos reciben. Amparo lo apunta: están en todas partes.

María Jesús asiente: —Se han convertido en un vínculo de unidad.

Desde los colegios hasta las comunidades en distintos países, su testimonio sigue vivo. Los alumnos conocen su historia. Las familias se emocionan. La congregación se reconoce en ellas.

—Nos han hecho replantearnos la misión —añade—. Qué significa seguir a Jesús en cualquier circunstancia.

La tierra donde permanecieron

Antes de terminar, le preguntamos por la visita del Papa a Argelia. —Mucha alegría —responde.

Pero no se queda en lo superficial. Argelia es la tierra de san Agustín. Pero también es la tierra donde estas hermanas vivieron y murieron.

—Ellas se sentían Iglesia allí —dice—. Se sentían corresponsables de la presencia cristiana.

Por eso, la visita no suena a coincidencia. Suena a memoria. A una Iglesia que vuelve a una tierra donde hubo quienes decidieron quedarse cuando lo más fácil era marcharse.

Caridad y Esther siguen allí.

Y su historia —lejos de cerrarse en 1994— sigue interpelando hoy.

* Publicación gracias a la colaboración de Amparo Latre y Fray Alfonso Dávila, OAR

Se publicó primero como El martirio de Caridad y Esther, misioneras agustinas en Argelia

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Europa Hoy

Periodista especializado en noticias europeas y política internacional.