La agricultura resiliente al clima puede ayudar a mantener la productividad y estabilizar los ingresos agrícolas, salvaguardando al mismo tiempo la seguridad alimentaria y el ecosistema en Europa. Se necesitan inversiones estratégicas y una gobernanza más sólida para apoyar la transición agrícola, según muestra un informe de la AEMA publicado hoy.
La producción agrícola europea está sometida a una gran presión por el cambio climático, la degradación del suelo y el aumento de los costes de los insumos externos, como fertilizantes, pesticidas, irrigación, piensos importados y energía. La sesión informativa de la AEMA “Construir una agricultura resiliente al clima en Europa: una perspectiva económica”, analiza 51 estudios de caso a nivel agrícola europeo, mostrando que las prácticas agrícolas resilientes al clima pueden apoyar la estabilidad de los ingresos de los agricultores, no solo la seguridad alimentaria y los ecosistemas.
La agricultura resiliente al clima describe enfoques agrícolas que reducen la exposición y la sensibilidad a las crisis climáticas manteniendo al mismo tiempo la viabilidad económica a largo plazo. La agricultura resiliente al clima ofrece una estrategia sistémica que combina cambios en las prácticas a nivel agrícola con apoyo económico y de gobernanza.
Los 51 estudios de caso se extienden desde granjas en el Reino Unido hasta Ucrania, y las prácticas agrícolas resilientes al clima se organizan en cuatro áreas de práctica (gestión del suelo y el agua, diversificación de los sistemas de cultivos, gestión a nivel del paisaje y rediseño del sistema ganadero).
En todos los estudios de caso, una palanca constante es la reducción de la dependencia. Una práctica concreta de la CRA destacada en el informe es la reducción de la labranza. Al mejorar la estructura del suelo y la retención de agua, la labranza reducida ayuda a las granjas a afrontar mejor las sequías y las fuertes lluvias. En los estudios de caso utilizados para este informe, el uso de diésel se redujo en aproximadamente un 50%, mientras que los costos de producción se redujeron en aproximadamente un 40% y las necesidades de mano de obra en aproximadamente un 25% a un 30%, según el contexto.
Lecciones aprendidas de las 51 transiciones agrícolas de la CRA
El análisis de 51 transiciones agrícolas de la CRA muestra que las granjas suelen ser más vulnerables económicamente durante la transición a sistemas resilientes al clima. Muchas prácticas generan beneficios públicos (como características del paisaje y servicios ecosistémicos) al tiempo que ofrecen retornos privados limitados a corto plazo para los agricultores, lo que subraya la necesidad de apoyo financiero y político específico.
En las regiones donde las granjas ya están bajo estrés climático (especialmente el sur de Europa), la implementación de medidas de resiliencia genera beneficios inmediatos, al reducir las pérdidas y los costos. En otras regiones, sin embargo, podría pasar más tiempo hasta que los beneficios se hagan evidentes para los agricultores. En estos casos son necesarios el rediseño del sistema y la coinversión pública para gestionar los costos iniciales y los riesgos de la transición.
Para asegurar los sistemas alimentarios y las economías rurales de Europa, la resiliencia climática debe considerarse una prioridad económica fundamental. Con inversiones específicas, una gobernanza más sólida y un mejor seguimiento de los riesgos climáticos y la adaptación, Europa puede pasar de una gestión reactiva de las crisis a una resiliencia proactiva, estabilizando los ingresos agrícolas y salvaguardando la productividad agrícola a largo plazo.
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Publicado anteriormente en The European Times.
