Sáb, 21 Feb 2026 18:12
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Exarca ucraniano: se mantiene fuerte la esperanza de vencer al mal

Exarca ucraniano: se mantiene fuerte la esperanza de vencer al mal

Comunicado de www.vaticannews.va —

A tres días del cuarto aniversario de la invasión rusa, el obispo greco-católico Maksym Ryabukha describe la situación humanitaria de los habitantes de las regiones ucranianas, agotados no solo por los bombardeos, sino también por la falta de electricidad, calefacción y medicamentos. “Este invierno es uno de los peores de toda la guerra, que en nuestro territorio dura desde 2014”, pero todas las oraciones son por la conversión de los corazones porque “la conversión del hombre trae la vida».

Svitlana Dukhovych – Ciudad del Vaticano

Cuatro años de dolor, muerte y destrucción. Un aniversario marcado por el peor invierno de toda la guerra, sin electricidad, sin calefacción, sin medicamentos ni siquiera para la más banal de las gripes. En un momento en que las negociaciones de paz están inequívocamente marcadas por un cruel estancamiento, Ucrania se enfrenta a una situación humanitaria devastada.

Alrededor de dos millones y medio de niños, explica UNICEF, “corren cada vez más riesgos, atrapados o desplazados dentro del país, en fuga o refugiados en los países de acogida. Víctimas de violencia y destrucción, traumas y graves pérdidas, han sido privados de su infancia: 1 de cada 3 niños está desplazado dentro del país o es refugiado en el extranjero; 1 de cada 4 adolescentes está perdiendo la esperanza de un futuro en Ucrania; 4 de cada 10 niños viven en la pobreza, que ha aumentado un 70 % respecto a 2021”.

El Exarcado de Donetsk de la Iglesia greco-católica ucraniana comprende el territorio de las regiones ucranianas de Donetsk, Zaporizhzhia, Dnipropetrovsk y Luhansk. Algunos de estos territorios fueron ocupados ya en 2014. Por este motivo, la sede del Exarcado fue trasladada a Zaporizhzhia. Sin embargo, como explica el exarca, el obispo greco-católico Maksym Ryabukha, “el sueño y la esperanza de la victoria sobre el mal son más fuertes que todos los miedos y el cansancio que estamos viviendo:

Excelencia, ¿cómo es la situación humanitaria en su exarcado? ¿Dónde es más difícil?

La situación humanitaria en nuestro Exarcado de Donetsk es, en realidad, muy difícil. Este invierno es uno de los peores de toda la guerra, que en nuestro territorio dura desde 2014. Hemos vivido una situación extremadamente dramática cuando los rusos bombardearon las infraestructuras energéticas y, de hecho, la electricidad faltó en todos nuestros territorios durante más de 20 horas al día.

En los pueblos, donde normalmente se está acostumbrado a calentarse también con estufas de leña, es un poco más fácil, porque de todos modos se puede buscar alguna forma de apoyo en el territorio. La situación más difícil se ha registrado en las ciudades, donde en los edificios de muchos pisos no existe la posibilidad de contar con calefacción autónoma; la falta de electricidad implica también la falta de calefacción, de agua y de otros medios de subsistencia.

Sin embargo, hay que decir que el gobierno está haciendo todo lo posible para afrontar las consecuencias de estos ataques. El personal técnico de apoyo está haciendo lo imposible para restablecer condiciones de vida ordinarias para nuestros ciudadanos.

¿Cómo intentan brindar apoyo humanitario a las personas? ¿Tienen recursos suficientes para hacerlo?

Tratamos de ofrecer apoyo de diversas maneras. Damos gracias a Dios porque ha pensado la Iglesia como una realidad muy grande. La universalidad de la Iglesia nos permite tener muchos amigos que, fuera de nuestra realidad, están igualmente cerca de nosotros con el corazón, con el pensamiento, con la oración y también con gestos concretos de apoyo y ayuda.

Hay varias organizaciones que, por ejemplo, nos ayudan a comprar combustible para los generadores. En distintos períodos hemos tenido amigos que han proporcionado generadores para todas nuestras parroquias y para las realidades que acompañamos. También en este período ha habido benefactores que nos han enviado generadores, que luego hemos podido distribuir a las personas de nuestras parroquias que viven, por ejemplo, en casas particulares en los pueblos o en las ciudades.

Algunos de estos generadores los utilizamos también para las diversas actividades que realizamos en los centros para la infancia, en las escuelas de catequesis, etc. Todos los locales de nuestras iglesias se han convertido en lugares de recuperación, lugares de esperanza y de sustento en este período tan difícil.

Además de las comunidades parroquiales, que intentan hacer todo lo posible sobre el terreno, contamos también con una red de Cáritas. En nuestro Exarcado de Donetsk hay siete grandes centros de Cáritas que ofrecen apoyo en varias ciudades y pueblos de nuestro territorio. Este es un gran recurso para ayudar a la gente, y estamos muy agradecidos a todos los benefactores que, a través de distintas estructuras, intentan estar cerca del pueblo ucraniano que está viviendo momentos difíciles de su vida.

Por ejemplo, en una ocasión los representantes de una organización me llamaron para pedirme que les contara cómo vivimos. Después de describirles la situación, me dijeron: «Tenemos la posibilidad de ayudarles con medicamentos». Entonces organizamos, en varias de nuestras parroquias, la distribución de medicamentos de primera necesidad para la gripe, para otras enfermedades, etc.

Este es uno de los diversos modos en que hoy el mundo se acerca a Ucrania y a nuestra gente.

¿Hay muchas personas que en los últimos meses han dejado las ciudades y los pueblos del territorio donde se encuentra su Exarcado?

Observando el movimiento en las ciudades y en los pueblos, es difícil hablar de un gran desplazamiento. Por ejemplo, Zaporizhzhia continúa viviendo su vida ordinaria. Algunas personas dejan las ciudades; quienes se marchan con mayor frecuencia son los habitantes de los pueblos más cercanos al frente, en la región de Donetsk. Allí hay muchísimas familias que, poco a poco, abandonan sus aldeas para buscar lugares más seguros.

En realidad, sin embargo, estos movimientos y desplazamientos son bastante habituales, porque la gente va y viene: apenas se percibe que la situación se ha vuelto un poco más tranquila, muchas familias comienzan nuevamente a regresar a sus pueblos y a sus ciudades.

El obispo greco-católico Maksym Ryabukha con los fieles

El obispo greco-católico Maksym Ryabukha con los fieles

¿Cómo se desarrolla la actividad pastoral? ¿Cómo logran los sacerdotes y el clero hacer frente a desafíos tan serios?

Las actividades pastorales, afortunadamente, logramos desarrollarlas de todos modos de manera ordinaria. A pesar de la guerra y de todos los desafíos que enfrentamos, nuestros sacerdotes y nuestros fieles buscan siempre ser personas de oración activa, de cercanía y de fraternidad los unos con los otros. Las oraciones dominicales y las misas cotidianas se celebran regularmente donde la situación lo permite, porque con el desplazamiento de la línea del frente estamos, lamentablemente, perdiendo algunas parroquias. No obstante, donde es posible, la gente continúa orando.

Hay también otras actividades: la catequesis para los niños, para los jóvenes y para las familias; los momentos de oración de las diversas comunidades, por ejemplo, las Madres en Oración y los Caballeros de Colón. Todas estas realidades buscan mantener con regularidad sus propios encuentros. También hay diversos momentos de formación. Por ejemplo, en el último mes hemos organizado tanto la formación de los animadores como la de los monaguillos que ayudan a nuestros sacerdotes en las diversas parroquias del Exarcado de Donetsk. Hemos celebrado también la fiesta de inicio de la Cuaresma. Todas las actividades ordinarias que la Iglesia busca vivir, las promovemos y las realizamos también en nuestro territorio.

¿Usted va a menudo a visitar las parroquias del exarcado y se encuentra con personas de todas las edades, incluidos los jóvenes. ¿De qué le hablan los chicos?

En realidad, las visitas a las parroquias son momentos en los que nos reencontramos como una gran familia. Cada vez que vengo a una parroquia, después de la Liturgia, intento relatar todo lo que la Iglesia está viviendo en este período: los diversos acontecimientos, las actividades que se desarrollan ordinariamente. Todo esto ayuda a las personas que viven en los diferentes lugares donde tenemos nuestras iglesias a tener una visión más amplia y una mayor sensibilidad hacia la realidad eclesial. Por otro lado, también hay ocasiones de intercambio personal con la gente. A menudo me preguntan: «¿Qué nos espera?».

Al mismo tiempo, sin embargo, también comparten su esperanza. Dicen que Dios no podía llamarnos a la vida sin haber pensado en cómo sostenernos y cómo ayudarnos. Muchos me cuentan también cosas hermosas: la fraternidad, la amistad, el apoyo mutuo que logran vivir a pesar de todo. Son momentos que revelan una gran humanidad. Cuando hablo con los jóvenes, me hablan mucho del sentido de la vida, del sentido de su esperanza. Comparten sus sueños y piden consejos sobre cómo seguir adelante, sobre cómo orientarse en este mundo tan atribulado, permaneciendo fieles a lo que sienten en el corazón. Me conmueve ver a estos jóvenes que tienen sueños y un sentido de la vida muy profundo y claro. Aquí, en un territorio de guerra, encuentro a muchísimos jóvenes que tienen el coraje de vivir, que tienen sueños por realizar y una visión del futuro que transmite ánimo incluso a quien los escucha y se siente parte de su vida.

¿Qué quisiera decir a los lectores y oyentes de los medios vaticanos en este triste cuarto aniversario de la guerra a gran escala?

Cuando pienso en el aniversario del inicio de la guerra a gran escala, me conmueve la idea de que Dios no abandona a su pueblo. El mal se manifiesta con gran fuerza y, en realidad, el pecado que permite al maligno actuar a través de las vidas humanas es muy poderoso. Sin embargo, a pesar de la inmensidad del odio que el pueblo ucraniano percibe por parte del agresor, vemos que Dios no nos abandona.

Pienso, por ejemplo, en Zaporizhzhia: ya desde octubre de 2023 muchos decían que «entre mañana y pasado mañana los rusos arrasarán toda la ciudad, ya no estarán, será una zona muerta, todo será barrido». Y, sin embargo, estamos en febrero de 2026 y la vida de la ciudad continúa. Hay muchísimas historias de vida que, a pesar de la guerra, se realizan aquí.

Creo que nada podrá impedir a Dios convertir el corazón humano. Todas nuestras oraciones van en esa dirección, porque la conversión del hombre trae vida y trae paz. A veces pienso que somos pocos los que creemos que Dios tiene la fuerza para vencer este mal. Sin embargo, el sueño y la esperanza de la victoria sobre el mal son más fuertes que todos los miedos y el cansancio que estamos viviendo.

Lo que quisiera pedir a los lectores y oyentes de los medios vaticanos es que nos apoyen, que nos hagan sentir su fraternidad en esta invocación, en esta oración incesante para que el corazón del hombre se convierta. Para que quienes quitan la vida, quienes presionan los botones para que las bombas lleven la muerte a los inocentes, dejen de hacerlo; para que los ojos de todos se abran a la vida y los corazones se abran a Dios.

Se publicó primero como Exarca ucraniano: se mantiene fuerte la esperanza de vencer al mal

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Europa Hoy

Periodista especializado en noticias europeas y política internacional.