Mié, 11 Feb 2026 11:20
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Concluye CONVIVIUM, ocasión para “ver hacia dónde nos llama el Señor”

Concluye CONVIVIUM, ocasión para “ver hacia dónde nos llama el Señor”

Comunicado de www.vaticannews.va — Concluye CONVIVIUM, ocasión para “ver hacia dónde nos llama el Señor”

Luis Miguel Modino*

CONVIVIUM, la asamblea presbiteral de la archidiócesis de Madrid, que ha reunido más de 1.300 participantes los días 9 y 10 de febrero, ha sido una oportunidad para discernir qué tipo de sacerdotes necesita Madrid en este tiempo. Un ser presbíteros que debe llevar a pensar en cómo llevar a cabo la misión en esta iglesia local.

Potenciar la presencia evangelizadora

De ahí la importancia de la reflexión de Mons. Luis Marín, subsecretario del Sínodo de los Obispos, centrada en los retos de la misión en nuestros días desde la perspectiva del ministerio sacerdotal, más allá del activismo y profesionalismo. El obispo agustino no duda en ver CONVIVIUM como oportunidad para “robustecer la identidad sacerdotal” y “potenciar la presencia evangelizadora”

El punto de partida son las Bienaventuranzas, la caridad, el amor, punto de partida previo a la fe, que garantiza la comunión, que “no es uniformidad, sino opción de amor”, dado que “la armonía, necesariamente, exige diferencia”. Una dinámica necesariamente presente en la Iglesia, “espacio donde las relaciones pueden prosperar en el amor mutuo, fundado en la Trinidad”, lo que demanda una conversión al amor fundante, cuya ausencia nos aleja de Dios.

Un segundo elemento es la Verdad, que “no es algo, sino Alguien”, Jesucristo. Para ello es necesaria la virtud de la humildad, que nos lleva a tener confianza en el Espíritu, a desplazar el centro de gravedad de nosotros al Señor, a asumir la obligación de escuchar al Señor y a los otros para poder entrar en diálogo y “ver hacia dónde nos llama el Señor”. Así evitaremos “el peligro de ideologizar la fe”, resaltó.

Desarrollar el Vaticano II

Los ministros ordenados “tenemos el reto de conocer, profundizar y desarrollar el Concilio Vaticano II”, en palabras del subsecretario del Sínodo, siguiendo el Magisterio de los últimos papas. El Vaticano II destaca el mandato misionero de la Iglesia, la eclesiología de comunión, la koinonía con Dios y con los hermanos. En un intercambio de dones, que destierra la división en la Iglesia, que aparece cuando actuamos contra la voluntad de Dios. Marín recordó las palabras de León XIV: “el sacerdote está llamado a promover la reconciliación y generar comunión”.

Todo ello como Pueblo de Dios, como la totalidad de los bautizados, desde la diversidad de “vocaciones, carismas y ministerios”. Por tanto, el discernimiento “necesariamente debe hacerse en y desde el Pueblo de Dios”, dado que en el Espíritu Santo los bautizados “son hechos partícipes de la naturaleza divina”. Una dinámica que se concreta en la Iglesia sinodal, que en palabras del actual pontífice “expresa felizmente el modo en el cual el Espíritu modela la Iglesia”. Una sinodalidad que “es profundizar en la comunión con Cristo y con los hermanos”, que es dimensión constitutiva de la Iglesia, que se concreta en estructuras y se desarrolla en la Iglesia local. Ello demanda “avanzar hacia una Iglesia toda ella sinodal en el ser, el hacer y el estilo”, según el obispo agustino.

Retos para la misión

Desde ahí sugería algunos retos. En primer lugar, el cristocéntrico, que parte de los principios de que la salvación es en Cristo y solo en Cristo, que subraya la importancia del bautismo, y que solo hay un único sacerdote: Cristo Jesús. Es necesario entre los sacerdotes evitar la rutina, no caer en la exterioridad o el ritualismo, asumir que “la misión del sacerdote no es otra sino la misión de Cristo”.  Junto con ello, el reto eclesiológico, que demanda la unidad y fraternidad entre los presbíteros, su cuidado; servicio, que en los ministros ordenados debe llevarlos a sentirse insertos en el pueblo de Dios. Finalmente, el reto de la corresponsabilidad diferenciada, que lleva al pastor a discernir en y desde el Pueblo de Dios sin propugnar un régimen asambleario que diluya la autoridad del obispo o del párroco.

En lo referente a los retos evangelizadores, Luis Marín llamó a un servicio a la Iglesia en salida misionera, con creatividad y dinamismo evangelizador; a saber leer los signos de los tiempos, con un “discernimiento histórico y pastoral, a la luz de la fe”, con “atención a niños y jóvenes y a la promoción de la mujer”; a hacer opción por los pobres e “implicarse activamente en la promoción de la justicia en el mundo, reconociendo la dignidad de todo ser humano”, en una Iglesia llamada a “ser pobre con los pobres”. Para llevar a cabo todo esto es necesaria la alegría, ser como sacerdotes servidores de la alegría, con un entusiasmo que brota de la identificación con Cristo, concluyó el subsecretario del Sínodo de los Obispos.

Corresponsabilidad con los laicos

Un caminar presbiteral que avanza más y mejor cuando los laicos son consultados, algo que se ha llevado a cabo en el proceso de CONVIVIUM, como agradeció Susana Arregui, delegada de Laicos en la archidiócesis de Madrid. Los laicos de Madrid ven a los sacerdotes como referentes espirituales que acompañan la vida de las comunidades, como impulsores de la sinodalidad, y piden que confíen en los laicos y sus carismas, desde una autoridad entendida como servicio y no como poder.

También los llaman a no vivir el ministerio en soledad, a crear comunidades en las que se delegan corresponsabilidades reales en los laicos, en las que se confía en sus carismas y competencias, con consejos pastorales y económicos que son espacios de discernimiento compartido. Para ello demandan la formación como cimiento imprescindible y hacen ver que, en la Iglesia, “todos, desde vocaciones distintas, somos necesarios”.

Movilizar para evangelizar

Un ministerio basado en la identidad con Cristo, que “se explica en nuestra relación con el pueblo de Dios”, afirmó el cardenal José Cobo. El arzobispo de Madrid llamó a los sacerdotes a ser “instrumentos que nos movilicen a todos para evangelizar”, a vivir “la relación concreta con las comunidades que tenemos encomendadas cada uno, a ir aprendiendo con ellos a discernir qué es lo que tenemos que hacer ahora, en armonía”. Desde ahí agradeció la gran participación y compromiso, llamando asumir las líneas de reflexión como propuestas que serán trabajadas en los próximos años, para poder trabajar juntos. Un compromiso asumido por el clero madrileño, que le han dicho: “Nos tiene a muerte para evangelizar”. Y hacerlo en comunión y fraternidad, las dos palabras más destacadas por los participantes.

Una asamblea que ha sido espacio para descubrir la necesidad del cuidado integral y acompañamiento personal del sacerdote; para ver la fraternidad sacerdotal real como camino para combatir la soledad; para mostrar que es necesario más cercanía, accesibilidad y trato igualitario por parte de obispos y vicarios; para vivir con menos burocracia y más ayuda práctica para liberar al sacerdote; para avanzar en la formación permanente e integral, desde el seminario, con cultura de confianza; para generar estructuras y recursos concretos para que todo lo anterior sea posible. Se trata de hacer realidad un modelo centrado en el cuidado y la comunión.

Se trata, como ha concluido el cardenal Cobo, de caminar juntos, en proceso, de vivir con sentido de pertenencia, desde la centralidad en Cristo, de escuchar y vivir con humildad, de seguir caminando con la diversidad del laicado, con ritmos diversos, de que los sacerdotes se cuiden entre sí, en una fraternidad abierta, que construya comunidades cristianas abiertas, más allá de espacios de servicio. Y hacerlo desde un ministerio alegre, como sacerdotes a quienes su arzobispo les ha dicho: “Gracias por ser curas y ahora seguid trabajando”.

*Archidiócesis de Madrid

Se publicó primero como Concluye CONVIVIUM, ocasión para “ver hacia dónde nos llama el Señor”

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Europa Hoy

Periodista especializado en noticias europeas y política internacional.