Comunicado de www.vaticannews.va —
En su catequesis sobre la Constitución dogmática Dei Verbum, el Papa León XIV afirmó que Jesucristo es la revelación plena y definitiva de Dios, subrayando que la fe cristiana no se basa en ideas abstractas, sino en un encuentro personal con el Hijo que introduce a los creyentes en la relación filial con el Padre.
Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano
Durante su catequesis dedicada a la Constitución dogmática La palabra de Dios del Concilio Vaticano II, el Papa León XIV subrayó que la revelación de Dios no consiste en ideas abstractas, sino en un encuentro personal que alcanza su plenitud en Jesucristo.
El Pontífice explicó que Dios se revela a la humanidad a través de un diálogo de alianza, en el que se dirige a las personas como a amigos. Esta revelación, señaló, no se limita a transmitir conceptos, sino que comparte una historia y llama a una relación viva de comunión y reciprocidad.
Según el Papa, este proceso culmina en Jesucristo, a quien el Concilio define como “mediador y plenitud de toda la revelación”. En Él, Dios no solo habla, sino que se entrega personalmente, haciéndose presente en la historia humana y permitiendo que cada persona se descubra conocida en lo más profundo de su verdad.
Conocer a Dios como hijos
León XIV destacó que Jesús revela al Padre introduciendo a los creyentes en su propia relación filial con Él. Gracias al Hijo enviado por el Padre, los hombres tienen acceso a Dios en el Espíritu Santo y participan de su vida divina. De este modo, el conocimiento de Dios no es intelectual, sino relacional: se alcanza entrando en la comunión del Hijo con el Padre.
El Papa recordó las palabras del evangelio de san Lucas, en las que Jesús, movido por el Espíritu Santo, alaba al Padre por haberse revelado a los pequeños. Para León XIV, este pasaje muestra que la verdadera revelación es don de Dios y no resultado del mero esfuerzo humano.
La identidad del creyente
En su catequesis, el Pontífice afirmó que en Cristo Dios revela también la identidad del ser humano. Al comunicarse a sí mismo, Dios manifiesta que los hombres y mujeres son hijos, creados a imagen del Verbo. San Pablo, recordó el Papa, afirma que el Espíritu del Hijo clama en los corazones de los creyentes llamando a Dios “Abba, Padre”.
Esta conciencia filial —señaló— permite al cristiano vivir con confianza, sabiendo que el Padre conoce sus necesidades y lo mira con amor incluso en lo secreto.
La humanidad de Jesús, lugar de la revelación
Uno de los puntos centrales de la catequesis fue la afirmación de que Jesucristo revela al Padre a través de su humanidad. El Papa insistió en que la revelación divina se realiza en la vida concreta de Jesús: en sus palabras, sus obras, sus gestos de compasión, su muerte y su resurrección.
Reducir la humanidad de Cristo, advirtió, empobrece la comprensión de la revelación. Por el contrario, es en la humanidad plena de Jesús donde se manifiesta de manera íntegra la verdad de Dios.
Una fe encarnada
León XIV subrayó que la salvación cristiana no se limita a un acontecimiento aislado, sino que abarca toda la vida de Jesús. El Señor que nace, enseña, sana, sufre, muere, resucita y permanece entre los suyos es, en su totalidad, revelación del Padre.
El Papa concluyó recordando que, gracias a Jesucristo, el creyente puede estar seguro de que nada lo separará del amor de Dios. Esta certeza, afirmó, es el fundamento de una fe vivida con abandono confiado en el Padre.
Se publicó primero como El Papa León XIV en su catequesis: Jesucristo es la revelación viva del Padre






