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Yemen, Martinelli: en medio del caos resisten dos comunidades religiosas

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Comunicado de www.vaticannews.va —

Nueva escalada de combates en el país donde 19 millones de personas necesitan ayuda urgente. Al comentar el mensaje Urbi et Orbi de León XIV, el vicario apostólico de Arabia del Sur subraya cómo Dios se identifica con quienes sufren hambre y miseria, y describe la situación de la pequeña presencia cristiana, junto a la cual permanecen las Misioneras de la Caridad y un sacerdote.

Guglielmo Gallone – Ciudad del Vaticano

«Al hacerse hombre, Jesús asume sobre sí nuestra fragilidad, se identifica con cada uno de nosotros: con quienes ya no tienen nada y lo han perdido todo, como los habitantes de Gaza; con quienes padecen hambre y pobreza, como el pueblo yemení (…)». Con estas palabras del mensaje de Navidad Urbi et Orbiel 25 de diciembre de 2025, el Papa León XIV volvió a poner en el centro una de las guerras más atroces y olvidadas del mundo: la de Yemen.

Al hacerse hombre, Jesús asume sobre sí nuestra fragilidad, se identifica con cada uno de nosotros: con quienes ya no tienen nada y lo han perdido todo, como los habitantes de Gaza; con quienes padecen hambre y pobreza, como el pueblo yemení;

La cercanía de León XIV

«Nuestra comunidad siente una inmensa gratitud hacia el Santo Padre», afirma monseñor Paolo Martinelli, vicario apostólico de Arabia del Sur —que abarca Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemen—. «Me impresionó especialmente su mirada de fe», explica, «al vincular la Encarnación del Hijo de Dios con su cercanía a quienes sufren, a los que viven en el hambre, la pobreza y la miseria.

De ese modo, el Papa recuerda la presencia de Cristo en quienes padecen». Y añade que también en los encuentros personales con León XIV ha percibido su profundo interés por la realidad yemení y por las condiciones de los fieles.

Una nueva escalada

La situación del país se ha agravado aún más esta semana con nuevas y peligrosas tensiones. El frente del sur, enfrentado a los rebeldes hutíes del norte, se ha fragmentado. El Consejo de Transición del Sur, creado en 2017, presentó un plan para proclamar un Estado independiente, con un periodo de transición de dos años y un referéndum. Aunque la iniciativa recibió el respaldo de los Emiratos Árabes Unidos, fue rechazada por Arabia Saudita y por el Consejo Presidencial yemení, reconocido internacionalmente.

Su líder, Aidarous al-Zubaidi, fue acusado de traición, homicidio de militares y sabotaje de infraestructuras. En lugar de viajar a Riad, optó por huir a un destino desconocido, lo que provocó acusaciones saudíes contra Abu Dabi y aumentó la tensión regional, además de profundizar las divisiones internas entre los separatistas.

El drama humanitario

El caos político se traduce en tragedia sobre el terreno. Al menos 20 personas murieron en la provincia de Ad Dali por bombardeos de la coalición liderada por Arabia Saudita contra objetivos del Consejo de Transición del Sur. Poco después, las autoridades separatistas impusieron un toque de queda en Adén ante el temor de nuevos enfrentamientos.

La población sigue atrapada en una guerra que ya dura 14 años y que ha dejado a más de 19 millones de yemeníes, la mitad del país, con necesidad urgente de ayuda. Uno de cada dos niños menores de cinco años sufre desnutrición aguda grave, y más de 4,5 millones de personas han sido desplazadas.

Los cristianos en Yemen

«Estoy en contacto constante con la comunidad cristiana de Yemen», explica monseñor Martinelli, «especialmente con los sacerdotes que permanecen allí». Se trata de una presencia muy reducida, difícil de cuantificar tras una década de guerra y emigración forzada. A diferencia de otros países del Golfo, Yemen cuenta también con cristianos nativos, además de fieles extranjeros. Muchos han huido por la violencia y los ataques, como el de 2016, cuando cuatro Misioneras de la Caridad fueron asesinadas por un grupo extremista. Las cuatro iglesias católicas del país quedaron gravemente dañadas y hoy son inutilizables.

Dos comunidades que “hacen milagros”

En el norte de Yemen permanecen dos comunidades de Misioneras de la Caridad que, pese al atentado de 2016, continúan su labor. En cada casa atienden a más de cien personas, sobre todo enfermos y ancianos. «Con los pocos medios que tienen, hacen verdaderos milagros de caridad», afirma Martinelli.

Junto a ellas hay un solo sacerdote, también Misionero de la Caridad, el único en todo el país. Mantiene contacto frecuente con el vicario apostólico y mantiene viva la pequeña comunidad cristiana. No hay proselitismo, pero un grupo reducido de fieles se reúne para rezar y celebrar la misa en las capillas de las dos casas. «Son pocos, pero muy unidos. La presencia de las hermanas y del sacerdote es un don inmenso».

Navidad y Jubileo en la guerra

La comunidad vivió la Navidad de forma sencilla pero llena de alegría: compartieron la comida con los más pobres, celebraron la Eucaristía y cantaron villancicos. «En silencio y con discreción, pero con un profundo calor humano y espiritual», dice Martinelli.

También el Año Jubilar recién concluido tuvo un significado especial: la capilla de las Misioneras de la Caridad en Saná fue elegida como lugar jubilar para Yemen. Fue un gesto fuerte de comunión para todo el vicariato, que abarca Yemen, Emiratos y Omán. «Esa capilla se convirtió en lugar de confesión y de indulgencia plenaria», explica el obispo. «Fue una señal concreta de cercanía a una comunidad tan probada. Rezamos mucho por ellos y sentimos que somos una sola realidad, llamada a compartir cargas y sufrimientos».

Se publicó primero como Yemen, Martinelli: en medio del caos resisten dos comunidades religiosas

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