Comunicado de www.vaticannews.va — ![]()
“¡Feliz Año Nuevo de paz a todos! Una paz que nace del corazón de Dios, pasa por el corazón de una Madre, y se confía a nuestras manos y a nuestros corazones de hijos”, resaltó el Patriarca Latino de Jerusalén en la Misa con motivo de la Solemnidad de María Madre de Dios.
Alvaro Vargas Martino – Ciudad del Vaticano
“En este primer día del año, mientras el mundo intercambia saludos para un futuro incierto, la Iglesia nos sitúa no bajo el signo de un vago deseo o de una simple esperanza humana, sino bajo una doble luz que es fuente cierta de orientación: la solemnidad de María, Madre de Dios, y la Jornada Mundial de la Paz”, subrayó Su Beatitud el cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, en su homilía durante la Santa Misa con motivo de la Solemnidad de María, Madre de Dios, y la 59.ª Jornada Mundial de la Paz, que presidió este jueves 1 de enero en la Pro-Catedral del Patriarcado Latino en Jerusalén.
“La Palabra de Dios de hoy nos muestra cuál es el antídoto profético contra la violencia sutil y generalizada de nuestro tiempo”, recalcó el cardenal Pizzaballa durante la celebración, que fue concelebrada por monseñor William Shomali, Vicario General del Patriarcado Latino, monseñor Adolfo Tito Yllana, Nuncio Apostólico en Tierra Santa, monseñor Bolous Marcuzzo, y monseñor Ilario Antoniazzi, junto con varios sacerdotes, y a la que asistieron el cónsul español, representantes de los consulados francés e italiano, así como numerosos Caballeros y Damas de la Orden del Santo Sepulcro, religiosas y fieles de Jerusalén.
“La violencia a menudo nace de la prisa por juzgar, del impulso inmediato a reaccionar, del ruido ensordecedor que ahoga toda palabra verdadera y toda escucha paciente. La paz es una obra de custodia: custodia de la relación, de la palabra dada, del misterio del otro que no comprendemos de inmediato, de la memoria frágil de la bondad de Dios en nuestra historia. Es un trabajo artesanal, silencioso, que se realiza en el corazón antes que en las plazas”, indicó el Patriarca, quien explicó que “María nos enseña que no hay paz exterior sin esta paciencia interior, sin esta ‘gestación’ espiritual de los acontecimientos a la luz de Dios”.
Llevar la luz de Dios también al mundo digital
El Mensaje del Santo Padre para esta 59ª Jornada Mundial de la Paz “nos impulsa, con visión de futuro, a llevar esta luz incluso a los espacios más nuevos, complejos y a veces insidiosos de nuestra vida común: el mundo digital, la inteligencia artificial, el ecosistema mediático”, y “nos recuerda una verdad crucial: la tecnología no es neutral”, destacó el purpurado, quien recordó que “es siempre una extensión del corazón del hombre” y observó que “puede ser un instrumento de manipulación, de división, de vigilancia opresiva y de nueva soledad, o puede convertirse en un instrumento de encuentro, de compartir el bien, de acceso al conocimiento, de construcción de un auténtico bien común”.
“Estamos llamados a ser artesanos de paz no solo en la familia, en el trabajo o en la política, sino también a través del uso de nuestros dedos en el teclado, de nuestras palabras compartidas en las redes sociales, a través de nuestro consumo –crítico o compulsivo– de información, nuestra pregunta ética más o menos insistente sobre cómo queremos que el futuro del hombre sea diseñado por los algoritmos”, enfatizó el cardenal, quien recalcó que, incluso en este nuevo continente digital, “el método sigue siendo mariano: no dominar a los demás con el juicio o el insulto, sino servir a la verdad con caridad; no instrumentalizar a las personas, sino custodiar la dignidad intangible de cada rostro, incluso el que está detrás de un perfil anónimo”, lo que significa “llevar al ruido digital la capacidad de ‘custodiar y meditar’, del respeto también por el propio tiempo y la propia interioridad, amenazados por la vorágine de la conexión perpetua”.
Custodiar, meditar y acoger, antídotos contra la violencia
“Custodiar. Meditar. Acoger. Estas son las tres palabras que la liturgia de hoy nos entrega, como antídoto contra la violencia y método para la construcción de modelos de paz”, subrayó el Patriarca, quien explicó que custodiar “es más que conservar”, es “hacer crecer la inteligencia del corazón”, y significa “no rendirse a la prisa de nuestro tiempo, y dejar que el tiempo revele lo sucedido”, mientras que meditar “significa saber evaluar lo sucedido, siempre a la luz de la Palabra de Dios”, a la luz “del Reino de Dios que crece como una semilla escondida”, y “así podremos acoger la vida con la confianza de que Dios habita en nosotros, y no como una condena a vivir aplastados por lo que nos sucede”.
“Pongamos este año nuestro bajo la protección materna y poderosa de María, Madre de Dios. Que su ‘sí’ nos enseñe a abrir las puertas de nuestra existencia, de nuestras ciudades y de nuestros corazones al Príncipe de la Paz. Y que, para nosotros, para nuestras familias, para esta amada Tierra Santa tan herida y tan preciosa, para nuestro mundo hambriento de esperanza y de sentido, se cumpla hasta el final la antigua y siempre nueva bendición que hemos escuchado: «Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. Que el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz». ¡Feliz Año Nuevo de paz a todos! Una paz que nace del corazón de Dios, pasa por el corazón de una Madre, y se confía a nuestras manos y a nuestros corazones de hijos”, concluyó el purpurado.
Se publicó primero como Pizzaballa: “Pongamos este año bajo la protección poderosa de María”


