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La paz desarmada: presencia, camino y resistencia ante la desesperanza

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Comunicado de www.vaticannews.va — La paz desarmada: presencia, camino y resistencia ante la desesperanza

Los cristianos, y especialmente los laicos, debemos aprender a contribuir al equilibrio internacional que el Santo Padre menciona.

Nicolás Meyer*

El mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2026 nos llega en un momento donde la humanidad parece haberse acostumbrado a caminar a tientas. El Santo Padre León XIV no nos ofrece un manual diplomático ni una teoría abstracta, sino que nos invita a un itinerario de reflexión desde una espiritualidad encarnada, con los pies bien plantados en el barro de la historia y la mirada fija en el horizonte del Reino.

Este mensaje parte de una experiencia personal y radical: el encuentro con el Resucitado. Es una invitación a rechazar el camino, tan cotizado últimamente en nuestros mercados políticos y sociales, de la desesperanza y el desánimo. Porque, aunque tantas veces nos encontramos a oscuras para habitar y promover la paz, nuestra tarea como cristianos no es maldecir la oscuridad, sino abrirnos a reconocer la luminosidad de la paz en los otros.

Debemos preguntarnos con urgencia: ¿Quiénes son los que cerca de mí encienden esa paz en los que los rodean? ¿Cómo busco con ellos una comunión de espíritu que nos permita transitar juntos este camino? Porque, como el Santo Padre tan lúcidamente sintetiza, la paz, más que una meta lejana, es presencia y camino. “Y, al hacerlo, encontrarán a su lado hermanos y hermanas que, por distintos caminos, han sabido escuchar el dolor ajeno y se han liberado interiormente del engaño de la violencia.”

El mensaje nos recuerda cómo Jesús, en su decidido camino hacia Jerusalén, es el primero en desarmar las opciones de justicia y reinado por medio de la fuerza, esas que algunos de sus discípulos esperaban y hasta añoraban con cierta impaciencia revolucionaria. “Más profundamente, los Evangelios no esconden que lo que desconcertó a los discípulos fue su respuesta no violenta;” una respuesta que sigue desconcertando hoy a quienes creen que la autoridad se impone a golpe de fuerza.

Es el Señor quien, en este camino de encuentros, parábolas, milagros y conversaciones, va presentándoles pedagógicamente la ruta de la paz. Pero no son solo sus ideas las que transforman, sino especialmente su presencia. A través de gestos y símbolos, confirma la capacidad transformadora de la paz. Será la resurrección el gesto por excelencia que explica cómo la paz del Crucificado —incitado una y otra vez a responder con violencia— se convierte en luz y vida en el Resucitado.

Sin embargo, no seamos ingenuos: este camino no es fácil. Así como la paz tiene su tradición, sus profetas y sus evidencias, la guerra, la violencia y el odio también tienen su marketing. Los «influencers» de la violencia, los líderes que deshonran sus acuerdos y buscan la ruptura de los procesos de diálogo, los que justifican cínicamente el incremento obsceno en armamento, hoy encuentran en la comunicación líquida un altavoz potente y viral. El algoritmo parece premiar la división.

Pero la comunidad creyente tiene una capacidad subversiva: la de viralizar la paz. Documentos como La alegría del evangelio y Hermanos todos son el manual actualizado de una Iglesia que recoge esta experiencia vivida en tantas comunidades olvidadas del mundo. ¿Cómo lo hacemos? Encontrándonos, escuchando y dialogando; leyendo los signos de los tiempos con una mirada esperanzada, no encerrándonos endogámicamente en nosotros mismos, sino saliendo al encuentro de otros. Debemos buscar a esas personas, grupos y organismos que, desde sus propias creencias y la buena fe, buscan ser constructores de paz, iniciando procesos más que ocupando espacios de poder, promoviendo la amistad social con la convicción inclaudicable de una opción misionera capaz de transformarlo todo.

El Papa León es claro en la necesidad de volver a la fuente: “Por eso, junto con la acción, es cada vez más necesario cultivar la oración, la espiritualidad, el diálogo ecuménico e interreligioso como vías de paz y lenguajes del encuentro entre tradiciones y culturas. En todo el mundo es deseable «que cada comunidad se convierta en una “casa de paz”, donde aprendamos a desactivar la hostilidad mediante el diálogo, donde se practique la justicia y se preserve el perdón». Hoy más que nunca, en efecto, es necesario mostrar que la paz no es una utopía, mediante una creatividad pastoral atenta y generativa.”

Los cristianos, y especialmente los laicos, debemos aprender a contribuir al equilibrio internacional que el Santo Padre menciona. Este equilibrio no es estático; gestiona tensiones, intereses y conflictos, buscando siempre que el todo sea superior a las partes. El desafío es inmenso: ¿Cómo damos el salto de los espacios comunitarios y locales a los nuevos areópagos del poder regional y global? Es allí donde tenemos la responsabilidad política de llevar la pedagogía de la paz.

La «guerra mundial a pedazos» que estamos viviendo solo se va a desarmar mediante una pedagogía de la paz que también será «a pedazos», artesanal, territorial. No como sucesos aislados, sino como un proceso continuo que se inicia con la convicción de que el Espíritu, desde dentro de cada corazón, gime con dolores de parto esa paz deseada. Es el Espíritu quien mueve a muchísimas personas a trabajar por esa visión que nos propone el Papa: “La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”.

Al leer este mensaje, uno no puede evitar sentir que la pluma del Papa León XIV está cargada de experiencias e imágenes que él pudo palpar en primera persona. Los años oscuros de la violencia y el conflicto interno en el Perú, que le tocó transitar en las periferias, junto a las primeras y más indefensas víctimas, deben haber desafiado una y otra vez su convicción interior, pero también cimentaron la confianza en sus decisiones pastorales en favor de la paz y la justicia. Años después, podemos reconocer que en su corazón la paz ha prevalecido. Los caminos del Resucitado lo han llevado a redactar este mensaje universal, no solo para los millones de católicos, sino para todos aquellos hombres y mujeres de buena voluntad que anhelan, sueñan y construyen, en cada rincón del planeta, la paz como presencia y como camino.

*Coordinador Regional de Cáritas LAC

Se publicó primero como La paz desarmada: presencia, camino y resistencia ante la desesperanza

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