Lun, 13 Jul 2026 10:01
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García Cuerva: “La única salida es ser como el Buen Samaritano”

García Cuerva: “La única salida es ser como el Buen Samaritano”

Comunicado de www.vaticannews.va — García Cuerva: “La única salida es ser como el Buen Samaritano”

La República Argentina celebra su Independencia y, en este marco, el arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, presidió el tradicional Te Deum en la Catedral Metropolitana. Durante su homilía, inspirada en la parábola del Buen Samaritano, invitó a superar la indiferencia, la corrupción y las divisiones para avanzar hacia la reconstrucción de la fraternidad y la unidad nacional.

Rocío García – Ciudad del Vaticano

En el marco de la celebración del 210º aniversario de la Independencia, el arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Jorge García Cuerva, dirigió un contundente y pastoral llamado a la ciudadanía y a los dirigentes argentinos durante el tradicional Dios lo bendiga del 9 de julio en la Catedral Metropolitana, a detenerse y mirar a aquellos hermanos que han quedado al borde del camino. En sus palabras, la nación atraviesa hoy senderos marcados por la desigualdad y los enfrentamientos constantes, realidades que profundizan la vulnerabilidad de los sectores más débiles. Frente a esta situación, afirmó que solo la cercanía, la solidaridad y el compromiso con el otro pueden abrir caminos de reconstrucción y fraternidad.

Los peligrosos caminos de la desigualdad

A la luz de la parábola del Buen Samaritano (cf. Lc 10, 25-37), monseñor Jorge García Cuerva tomo la imagen del hombre asaltado y abandonado al borde del camino como una representación de las heridas que afectan a la sociedad y de tantas personas que hoy viven situaciones de vulnerabilidad. Frente a ese dolor, destacó la presencia del Buen Samaritano y del dueño de la posada, figuras que expresan la cercanía, el cuidado y la responsabilidad hacia el otro.

El arzobispo explicó que el camino entre Jerusalén y Jericó, conocido tradicionalmente como un camino peligroso por los riesgos que implicaba para quienes lo recorrían, puede ser también una imagen de los senderos que atraviesa hoy la sociedad argentina. Se refirió así a caminos marcados por la intolerancia, los enfrentamientos constantes, la descalificación de quienes piensan distinto, la crueldad hacia los más débiles y la discriminación.

En este contexto, advirtió que existen quienes se aprovechan de estas heridas para profundizar las divisiones, enfrentar a los argentinos y arrebatar la esperanza de construir un futuro común, permaneciendo ocultos  según sus palabras en “cuevas de corrupción”.

Decidir implicarse: Detenerse y conmoverse

Al evocar las palabras del Evangelio: “Cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto” (Lc 10,30), García Cuerva señaló que esos “asaltantes” también pueden reconocerse en las heridas que han marcado la historia del país: realidades que han arrebatado sueños a los jóvenes, oportunidades a las familias trabajadoras y dignidad a quienes atraviesan mayores fragilidades.

El arzobispo subrayó que la parábola interpela a cada persona a tomar una decisión fundamental: hacerse prójimo de quien sufre o pasar de largo. Recordó que el sacerdote y el levita vieron al hombre herido, pero eligieron continuar su camino; en cambio, el samaritano se detuvo, se acercó y se dejó tocar por su dolor.

Continuando con el relato evangélico: “Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió” (Lc 10,33), resaltó que la compasión exige una mirada capaz de detenerse ante el sufrimiento del otro. Implica conmoverse, abajarse y dejarse afectar por las heridas de los hermanos. Por ello, afirmó que “quien se deja llevar por esta dinámica de compasión y de misericordia, comienza a vivir de un modo diverso, a ser ciudadano de un modo diverso, a trabajar de un modo diverso”.

Una independencia del individualismo y la mezquindad

Asimismo, el Arzobispo de Buenos Aires resaltó que la solidaridad no puede comprenderse como una tarea individual. En la parábola, el Buen Samaritano recurrió al dueño de la posada para continuar el cuidado del hombre herido, mostrando que el amor al prójimo también requiere colaboración y compromiso compartido. Nadie puede responder por sí solo a todas las heridas de una sociedad; por eso, afirmó, es necesario superar el individualismo y trabajar juntos por el bien común.

En el marco de la celebración patria,  invitó a pedir a Dios que libere a Argentina “del individualismo, de la competencia feroz por el protagonismo, del internismo y de la mezquindad política que busca llevarse los aplausos cuando se hace algo por los demás”.

Al mismo tiempo, el prelado expresó su gratitud hacia tantos argentinos que, muchas veces de manera silenciosa, “se ponen la Patria al hombro” mediante su trabajo cotidiano y sus esfuerzos, construyendo fraternidad, cercanía y solidaridad. Reconoció especialmente a quienes eligen amar al prójimo y comprometerse con quienes sufren, incluso cuando ese compromiso puede generar críticas o incomprensiones que profundizan las heridas sociales.

Finalmente, el pastor invitó a todos los nacionales a realizar un examen de conciencia colectivo a partir de la pregunta que brota de la parábola del Buen Samaritano: “¿Estoy actuando como los que pasan de largo o estoy dispuesto a ser la posada que reciba y sane a los heridos?”.

La escucha y los puentes hacia la unidad nacional

En otro momento de su reflexión, enfatizó que el compromiso con quienes sufren exige una actitud fundamental: la escucha. Inspirándose en las primeras palabras del Himno Nacional Argentino “¡Oíd!”, afirmó que escuchar es la actitud propia de quien se abre a la realidad, amplía sus horizontes y se deja interpelar por el dolor y las necesidades de los demás. En sus palabras, se trata de «la actitud básica del que quiere pensar con amplitud y apertura, del que sabe ampliar sus límites estrechos».

En esa misma línea, sostuvo que el desarrollo integral que anhela el pueblo argentino solo será posible si se construyen puentes allí donde otros levantan muros, mediante gestos concretos de cercanía y acogida hacia los heridos de la vida, escuchando su clamor y convencidos de que la Argentina necesita de todos, porque nadie es descartable y cada persona tiene un lugar insustituible en la construcción del bien común.

Como signo de esa unidad posible, García Cuerva evocó la alegría que despierta la Selección Argentina de Fútbol cuando el país se une detrás de un sueño común. Invitó a mantener «la camiseta puesta» también en la vida cotidiana y recordó un mensaje de Lionel Messi: «Demostramos una vez más que los argentinos, cuando luchamos juntos y unidos, somos capaces de conseguir lo que nos propongamos». Con esta imagen concluyó su homilía, alentando a los argentinos a caminar unidos, superar las divisiones y hacer de la fraternidad, la cercanía y la misericordia el camino para reconstruir la patria.

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