Jue, 25 Jun 2026 16:32
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El drama de las madres haitianas, los migrantes y los invisibles

El drama de las madres haitianas, los migrantes y los invisibles

Comunicado de www.vaticannews.va — El drama de las madres haitianas, los migrantes y los invisibles

En la República Dominicana, muchas mujeres inmigrantes indocumentadas de Haití prefieren dar a luz en condiciones insalubres y sin supervisión por temor a ser descubiertas y deportadas. Monseñor Pierre-André Dumas, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Haitiana, expresó su pesar: «Es una situación que sobrepasa toda sensibilidad humana. Es una grave afrenta a la dignidad. Nadie debería verse privado de atención médica».

Federico Piana – Ciudad del Vaticano

En el polvo de un sótano, Monique yace tendida sobre un colchón mugriento. Su rostro está demacrado, pero sus ojos brillan: en sus brazos un pequeño bulto que grita como un loco. Y menos mal: eso significa que está vivo. Monique es un nombre ficticio, pero su historia no lo es. Es la de una inmigrante haitiana de treinta años que, para escapar de la violencia de las pandillas y la profunda crisis económica que ha sumido a su país en la más absoluta desesperación, decidió cruzar la frontera hacia la República Dominicana el año pasado. Ese pequeño bulto, que grita y grita, aún tiene los párpados cerrados y el cordón umbilical colgando. Quien cuenta la historia es su madre, que pide permanecer en el anonimato.

Vidas clandestinas

Monique ni siquiera se había planteado dar a luz en un centro de salud dominicano. No tiene la documentación necesaria y, en estos tiempos, corre el riesgo de ser deportada. Así que Monique no perdió el tiempo: cuando los dolores de parto se intensificaron y llegó el momento, decidió dar a luz en secreto. Como hacen muchas mujeres haitianas.

Detenciones y repatriaciones

El padre Germain Clerveau dirige el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) – Solidaridad de Haití, la organización jesuita que apoya a migrantes, retornados y desplazados internos en las zonas fronterizas entre Haití y la República Dominicana. Conoce bien la situación: «Numerosos testimonios», reveló a los medios vaticanos, «denuncian casos de mujeres embarazadas detenidas en hospitales, cerca de centros de salud o incluso en sus hogares. Algunas son expulsadas inmediatamente después de dar a luz, otras son separadas de sus seres queridos o de sus recién nacidos antes de ser repatriadas a Haití». Esto es precisamente lo que Monique quería evitar, incluso a riesgo de perder a su hijo. Y su propia vida.

Sótanos y decadencia

No es raro que los partos en sótanos, refugios improvisados, habitaciones superpobladas y chozas sin electricidad, agua potable ni higiene adecuada terminen en tragedia, con hemorragias, infecciones, partos prematuros y muertes. «Según la información recabada por nuestro Servicio Jesuita a Migrantes, varias madres y bebés ya han fallecido en estas condiciones tan precarias». Por ahora, nadie conoce el número exacto de estas muertes, en parte, porque nadie se atreve a denunciarlas: mujeres como Monique reciben ayuda de parteras improvisadas, familiares, vecinos u otros migrantes que jamás se plantearían acudir a las autoridades. Según datos de Riess, el Archivo de Información y Estadísticas del Servicio Nacional de Salud, también citados por la prensa internacional, en poco tiempo, los nacimientos de mujeres haitianas en hospitales dominicanos han disminuido aproximadamente un 60 %.

Dignidad herida

«¿Cómo puede ocurrir algo así?», pregunta monseñor Pierre-André Dumas, obispo haitiano de Anse-à-Veau-Miragoâne y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Haitiana. Reitera con firmeza que el dolor de esas mujeres inmigrantes en la República Dominicana es también el dolor de los obispos de su país: «La Conferencia Episcopal observa lo que está sucediendo con profunda preocupación. Es una situación que sobrepasa toda sensibilidad humana. Es una grave herida a la dignidad, y como Iglesia debemos defender la vida de principio a fin: ninguna persona debe quedar privada de atención médica».

Respuesta humanitaria

Algunas mujeres haitianas, como Monique, quisieran obtener una visa o regularizar su situación migratoria, pero por ahora el gobierno dominicano no ofrece a los inmigrantes haitianos la oportunidad de hacerlo. Por ello, el padre Clerveau considera que «se necesita urgentemente una respuesta humanitaria y el respeto a los principios fundamentales de los derechos humanos, en particular, el derecho a la salud, la protección de la maternidad, la dignidad y la no discriminación para todas las mujeres, independientemente de su estatus migratorio o nacionalidad».

Equilibrio de derechos

En la República Dominicana, los inmigrantes haitianos representan el 70% del total de inmigrantes en el país, 535.000 según datos de las Naciones Unidas de 2024. Esta imponente presión no puede ignorarse y, como explica Monseñor Dumas, otorga al gobierno dominicano el derecho a regular sus fronteras y aplicar sus propias leyes de inmigración: «Esto ya lo había afirmado la Conferencia Episcopal Dominicana en 2004. Pero este derecho debe sopesarse con el deber de respetar siempre la dignidad humana y los derechos fundamentales. La preocupación de los obispos, por lo tanto, no radica en el principio de regulación, sino en las consecuencias humanitarias que puedan derivarse de la aplicación de este principio».

Garantizar la atención

Según la información de la que disponemos, las operaciones de control migratorio implican la presencia regular de fuerzas de seguridad en muchos centros sanitarios, y también se realizan controles después de que se haya prestado el tratamiento. Así lo afirma el padre Clerveau, quien, junto con su equipo del Servicio Jesuita a Migrantes, no se da por vencido y promete seguir trabajando para garantizar el acceso a la atención sanitaria materna sin temor a la detención o la deportación.

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