
Imagínese ser parte de una familia de nueve personas y sentarse a comer cáscaras de papa y otras sobras, hervidas en una sopa. Esta es la dura realidad de muchas de las familias más vulnerables de Afganistán, a las que se han visto obligadas por el cambio climático y la sequía, la desnutrición generalizada y las crecientes restricciones a las mujeres, desde que los talibanes invadieron Kabul en 2021.
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