Comunicado de www.vaticannews.va —
Jorge Mario Bergoglio forjó su vida en la oración. Aquí las pruebas por un periodista que lo conoció cuando era arzobispo porteño.
Lucas Schärer
Bergoglio de Flores y Francisco de Roma tuvieron la constancia de la oración.
«Rezá por mí» lo evidencia. Lo decía en Argentina (el fin del mundo) o en el corazón de Europa.
Una tarde en Rivadavia 415, segundo piso, en el arzobispado porteño me lo dijo en la cara. Como periodista y militante de la fundación Alameda lo veía. No grababa esos encuentros. Pero recuerdo que fue antes de bajar por la escalera que me largó: “rezá por mí”. Entonces repliqué: “Jorge vos sabés que no rezo, y los compañeros tampoco, pero te mandamos siempre buena onda”. Hoy no le diría aquello.
Jorge lo primero que hacía al levantarse de la cama era ponerse en presencia del Señor. Desde la oración al discernimiento y después al mundo, a dar batalla, a jugar el partido de la vida; pero primero Dios Padre, su hijo Jesús y la Virgen, como la Desata los nudos, una advocación que trajo de su paso por Alemania.
Esto no se dice, no se expone o ni se valora en los análisis sean periodísticos o sociológicos. Cuando la oración en Bergoglio fue la esencia que lo forjó: el diálogo con Dios y su Espíritu Santo.
Francisco contó varias veces que rezaba en la madrugada, antes del amanecer.
Las Laudes (es decir alabanzas), que es la oración matutina para alabar a Dios y consagrar la jornada antes que a uno lo invada el ruido del mundo. Esa práctica en la madrugada le permitia a Francisco poner sus primeros pensamientos y trabajos del día bajo la protección de Dios.
También rezaba la oración de Tomás Moro, el santo protector de los políticos, llamada “Del buen humor”:
“Concédeme, Señor, una buena digestión,
y también algo que digerir.
Concédeme la salud del cuerpo, con el buen humor necesario para mantenerla.
Dame, Señor, un alma santa que sepa aprovechar lo que es bueno y puro, para que no se asuste ante el pecado, sino que encuentre el modo de poner las cosas de nuevo en orden.
Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento, las murmuraciones, los suspiros y los lamentos y no permitas que sufra excesivamente por ese ser tan dominante que se llama: YO.
Dame, Señor, el sentido del humor.
Concédeme la gracia de comprender las bromas, para que conozca en la vida un poco de alegría y pueda comunicársela a los demás.
Así sea”.
Adorador del Santísimo Sacramento
Pasó 65 años para que Francisco volviera a recordar la adoración nocturna del Santísimo Sacramento. Fue un hallazgo periodístico que hicimos en el año 2021, gracias a los laicos de la adoración nocturna pude acceder a los registros que demuestran que Bergoglio cuando era adolescente, de 16, 17 años, iba desde su casa en el barrio porteño de Flores al sur, encima los sábados, para ir a rezar por la noche en la basílica del Santísimo Sacramento del centro porteño (ver enlace).
Este rezo nocturno Jorge Mario lo práctico antes de ingresar al Seminario.
La oración, el silencio para el encuentro personal con Dios y uno mismo, lo llevaron a los ejercicios espirituales, el gran legado del santo Ignacio de Loyola, fundador de la orden “Compañía de Jesús” en la que Jorge Mario se formó.
Francisco nos dejó un consejo que pocos dicen: “Nunca dejen el Rosario, recen el Rosario, como lo pidió ella”, haciendo referencia a la Virgen María, la madre de Jesús, “nunca se aparten de la madre, como un chico que está con su madre y se siente seguro, así nosotros con la Virgen nos sentimos muy seguros, ella es nuestra garantía” y donde nos arengó primero a “no tener miedo, Dios es más bueno que todas nuestras miserias, él nos quiere mucho, sigan adelante”.
Se publicó primero como Papa Francisco: oración y discernimiento
