Comunicado de www.vaticannews.va — ![]()
“Luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido” (Jn 13, 1-15)
johan pacheco
La celebración del Triduo Pascual nos lleva por un camino de esperanza invitados a vivir cada paso junto a Jesús de Nazaret, y entre tantos momentos conmemorados uno de ellos es el lavatorio de los pies. Un gesto que muestra la grandeza de la misericordia de Dios, para exhortarnos a perseverar en el llamado de la vida cristiana.
“Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan” (Jn 13,15), dice el Señor a sus discípulos. Palabras que también toma sentido hoy, cuando de persona a persona debemos lavarnos los pies para perdonar, para darnos otra oportunidad en la vivencia del Evangelio, para quitar la mancha del deseo de la guerra y de hacer daño el uno al otro. Este paso que podemos dar con la valentía del “mandamiento del amor”, y que el mismos Jesús expresa con su entrega en la cruz.
El Papa León XIV recordaba en su catequesis esta semana que “el mundo necesita que «se impregne del espíritu de Cristo y alcance su fin con mayor eficacia en la justicia, en la caridad y en la paz» (LG36)”. Una tarea podemos asumir desde nuestra condición de bautizados, pidiendo a Dios que su misericordia alcance nuestro corazón y, lavando los pies a quien este necesitado de esa misma gracia.
En la institución de la Eucaristía podemos entrar en comunión estrecha con el Señor que nos invita a la celebración de su Pascua, por eso se queda en con nosotros como “Pan de Vida”. Es allí donde reconocemos que necesitamos que el Señor lave nuestros pies, para luego también ser testigos de quien sabe amar hasta el extremo.
Se publicó primero como Jueves Santo: “Se puso a lavarles los pies a los discípulos”
