Comunicado de www.vaticannews.va — ![]()
El arzobispo Ettore Balestrero, observador permanente ante la ONU en Ginebra, intervino en la 61ª sesión ordinaria del Consejo de Derechos Humanos: los países deudores deben adoptar internamente un sistema de buena gobernanza, los acreedores no deben agravar la pobreza.
Alessandro De Carolis – Ciudad del Vaticano
Tener que pagar una deuda exorbitante y no disponer del dinero necesario para «alimentar el bien común», es decir, satisfacer «necesidades básicas como la alimentación, el agua potable, la salud, la vivienda y la protección social». Es algo que ocurre «en demasiados países, especialmente en el Sur global», señala el arzobispo Ettore Balestrero, observador permanente ante la ONU en Ginebra, que ayer, 5 de marzo, intervino en la 61ª sesión ordinaria del Consejo de Derechos Humanos.
Crisis moral más que dilema económico
El prelado se detuvo a considerar aquellos Estados que «se enfrentan a decisiones imposibles: reembolsar a los acreedores o cumplir con las obligaciones fundamentales hacia su propia población». No se trata simplemente de un «dilema económico», sino que, para el representante pontificio, es más bien «una profunda crisis moral y de derechos humanos». Además, subraya, «una deuda excesiva reduce el margen fiscal, impone medidas de austeridad regresivas y perpetúa los ciclos de pobreza y desigualdad, lo que obstaculiza directamente la realización progresiva de los derechos económicos, sociales y culturales».
Buenas prácticas
Monseñor Balestrero se dirige tanto a los países deudores como a los acreedores. Los primeros, sostiene, «deberían comprometerse a adoptar un sistema fiscal que respete los principios de buena gobernanza, transparencia, responsabilidad y rendición de cuentas». Si la tributación y el gasto público «se perciben como equitativos y orientados al bien común, se favorece —afirma— la cohesión social y la adhesión voluntaria, ampliando así la capacidad del Estado para movilizar recursos». Por otra parte, los acreedores bilaterales, multilaterales y privados deben garantizar por su parte «que las prácticas crediticias respeten la dignidad humana y no agraven la pobreza y las dificultades».
No a los «préstamos depredadores»
Y contra la protección de esta dignidad están, sin duda, destaca el prelado, «deudas ilegítimas, competencia fiscal y préstamos depredadores», que «erosionan el contrato social y obstaculizan la capacidad de los Estados para cumplir con sus obligaciones fundamentales». El deseo final, retomado de las palabras de León XIV, es que a nivel internacional se haga «todo lo posible por superar las desigualdades globales […] que están creando profundas divisiones entre continentes, países e incluso dentro de cada sociedad».
Se publicó primero como Santa Sede: no al peso de la deuda externa que no respeta la dignidad humana
