Comunicado de www.vaticannews.va — ![]()
El Secretario de Estado intervino por la tarde en Sacrofano en la Cátedra de la Acogida, un evento formativo y cultural que llega a su cuarta edición sobre el tema de las «acogidas generativas». El cardenal habló de demografía e integración, retos aún pendientes, pidió un mayor espacio para los jóvenes en las instituciones y una formación adecuada, y exhortó a convertirlos en «protagonistas» para «construir un futuro de paz».
Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano
Los jóvenes víctimas de los conflictos, obligados a luchar en Ucrania o en las regiones africanas. Los jóvenes, presa fácil del extremismo y otras «tentaciones» porque carecen de oportunidades. Los jóvenes que no tienen hijos por miedo, que se quejan de su incompetencia ante las pesadas responsabilidades que se les imponen o que se abstraen de la realidad y se refugian en lo virtual. Los jóvenes migrantes no integrados, los que lamentan la falta de diálogo y de escucha o los que tienen dificultades para encontrar su identidad, incluida la identidad cristiana. A estos jóvenes hay que ofrecerles «perspectivas», hay que «invertir» en ellos y «convertirlos en protagonistas» para construir «un futuro de paz». Es el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, quien lanza un llamamiento a las nuevas generaciones, hoy sacudidas por «tensiones» internacionales, incertidumbres y pobreza antigua y nueva. El cardenal subió por la tarde a la cátedra: no la cátedra de una universidad, sino la Cátedra de la Acogida, el evento formativo cultural que, promovido por algunos movimientos y realidades del Tercer Sector en colaboración con la Pontificia Universidad Lateranense, ofrece desde hace cuatro años importantes espacios de diálogo y reflexión sobre temas de actualidad. El tema central del evento de este año, celebrado en la Fraterna Domus de Sacrofano, fue «Los jóvenes y la Iglesia. Acogidas que generan pertenencia».
Migración y descenso de la natalidad
La intervención del Secretario de Estado —recién llegado de un viaje a Burkina Faso, donde presidió la ordenación episcopal del nuevo nuncio en la República Democrática del Congo y Gabón, Relwendé Kisito Ouédraogo, durante mucho tiempo su secretario particular («Corrimos el riesgo de quedarnos bloqueados debido a las tensiones», comentó al margen)— inauguró los trabajos que continuarán hasta el viernes 13 de marzo. Más que una intervención, fue un intercambio entre el cardenal y el profesor Vincenzo Buonomo sobre los escenarios en los que se insertan los jóvenes, observando su aportación, constatando su ausencia, subrayando las dificultades de presencia y acción y los fenómenos que les interesan o, mejor dicho, les afectan.
En primer lugar, el de la migración y la integración de los migrantes: «Retos sin resolver», según Parolin. A pesar de los diversos intentos en diferentes países, se necesitan «más reflexiones y aportaciones para encontrar una solución satisfactoria». A continuación, el fenómeno de la baja natalidad: «Exactamente lo contrario de lo que debería ser una apertura al futuro». Una verdadera «dificultad para dar la vida» por parte de los jóvenes, ha destacado el cardenal. No es que haya que culparlos en una época como la actual: «La guerra alimenta el miedo al futuro y, por lo tanto, la falta de voluntad de traer hijos al mundo». Sin embargo, esta preocupación general corre el riesgo de comprometer a todas las generaciones venideras. «El miedo al futuro, que puede ser de sufrimiento y tribulación, influye en la falta de voluntad de traer hijos al mundo —subrayó el cardenal—; cuando el hijo se percibe como una carga, como una limitación a la propia libertad, no habrá nuevos nacimientos». «¿Cuál es el valor supremo? ¿La autorrealización? ¿O el don de uno mismo?», se preguntó Parolin. «Si el hijo se percibe como una limitación al propio éxito social, no se abre el camino a la vida que nace».
El peligro del extremismo
Ciertamente, el fenómeno es «típico del mundo occidental», observó el cardenal; África, en cambio, «está creciendo a un ritmo exponencial». Sin embargo, a estos jóvenes «hay que darles perspectivas de futuro, porque cuando no tienen posibilidades de educación, de trabajo, de futuro, caen víctimas de los extremistas y se convierten en presa fácil de estas tentaciones». Por otra parte, se ve a menudo: «Son precisamente los jóvenes los que luchan, los que van al frente», observó el cardenal, citando el ejemplo de las «muchas guerras olvidadas que se libran en África», pero también en la propia Ucrania.
Más espacio en las instituciones
Paralelamente a todo esto, se observa el fenómeno particular «por el que solo los ancianos participan en las negociaciones y tratativas», cuando «en cambio, los jóvenes deberían participar más, no solo porque ellos son el futuro, sino también porque precisamente de los jóvenes pueden surgir las soluciones más innovadoras». Por eso, el cardenal Parolin ha pedido «una mayor apertura de las instituciones, especialmente las internacionales, a la contribución que pueden aportar los jóvenes». «Las instituciones internacionales —ha señalado— deben renovarse porque el escenario ya no es el de la Guerra Fría o la posguerra, y creo que una reflexión seria debe tener en cuenta la contribución de los jóvenes. Se necesita la presencia de jóvenes bien formados en las Instituciones».
No sentirse a la altura
Y además de la formación, también se necesita cercanía porque muchos jóvenes, según el cardenal, «viven una gran frustración al verse llamados a desempeñar tareas para las que no se sienten a la altura. No se sienten adecuados». La solución sería fácil: «Se necesitaría alguien que los amara gratuitamente, alguien que los amara más allá de los resultados. Y nosotros tenemos a Dios, que nos ama a pesar de los resultados». Por lo tanto, a los chicos y chicas hay que presentarles «un Dios que no nos pide que seamos perfectos, sino que nos ama y nos valora más allá de lo que somos capaces de hacer».
Transmitir los valores
Por lo tanto, es necesario impulsar a los jóvenes a «desarrollar una identidad cristiana». Y también es necesario reactivar esa «transmisión de valores» que antes involucraba a todas las agencias educativas: la familia, la escuela, la parroquia. Hoy, en cambio, asistimos a una «realidad fragmentada», en la que «ya no hay una convergencia de acción por parte de estas realidades», señaló el cardenal. A menudo, los «enemigos» se encuentran «dentro de casa», dijo, porque «basta con que los jóvenes cojan un teléfono móvil para vivir una realidad que desconocemos». Por lo tanto, además de la fe y los valores, se necesitan «figuras con autoridad» que puedan «inspirar la vida de los jóvenes».
El compromiso de la Iglesia
Por parte de la Iglesia, ha instado el Secretario de Estado, debe haber «un doble compromiso»: en primer lugar, «escuchar», es decir, «encontrar medios y ocasiones para escuchar a los jóvenes». Luego, «acompañarlos en su camino, en sus dificultades». «La Iglesia puede convertirse en un ámbito en el que los jóvenes de todo el mundo puedan integrarse más fácilmente», ha destacado Parolin. En este sentido, «las escuelas católicas pueden convertirse en un instrumento de integración», pero también, por qué no, «las Jornadas Mundiales de la Juventud». «Como católicos —concluyó el cardenal— debemos abrirnos a escucharlos, solo así podremos abrirnos a ellos y a sus coetáneos».
Se publicó primero como Parolin: invertir en los jóvenes. Sin perspectivas, son presa fácil de extremismos
