Comunicado de www.vaticannews.va —
Las palabras del fraile menor franciscano que, desde Jordania, observa con dolor la guerra en curso. El pensamiento se dirige a los hermanos que viven en el Líbano, «en la búsqueda desesperada de poder ayudar a la población civil, que ya no puede más», y a la población palestina que sufre «formas de presión directa o indirecta» para ser expulsada «de la tierra en la que ha vivido durante milenios». El llamado a que haya una «gran convocatoria para todos» en nombre de la paz.
Francesca Sabatinelli – Ciudad del Vaticano
«Estamos en medio de una locura belicista, la idea de querer resolverlo todo con la fuerza y las armas. Y el pensamiento en las víctimas civiles de la guerra es constante y está muy presente». El padre Francesco Patton, ex Custodio de Tierra Santa, habla desde el Monte Nebo, en Jordania, con la mirada puesta más allá del Mar Muerto que separa el Reino Hachemita de Israel y de Palestina, y con el pensamiento en todo el Medio Oriente en llamas. «Pienso a diario en mis hermanos que viven en el Líbano, en Beirut y en otros lugares, tanto al sur como al norte, y que en este momento están pasando por una prueba desmesurada. El convento de Tiro se ha transformado en un campo de refugiados y quienes están en Beirut buscan desesperadamente poder ayudar a la población civil, que ya no puede más; ahora hay un millón de desplazados de un total de seis millones de habitantes».
El riesgo de la posguerra
Patton recuerda que ya al inicio de la guerra en Gaza estaba claro, sobre todo para quienes, como él, llevaban años viviendo en esa región, que si no se lograba poner fin «de manera no violenta, el conflicto se extendería». Pero el peligro que teme el religioso es que no se sabe qué sucederá al final de la guerra, «porque después de todas las últimas guerras en el Medio Oriente han surgido nuevos fenómenos de terrorismo y nuevas formaciones, como Al Qaeda, el Estado Islámico, Hezbolá y Hamás, todas nacidas a raíz de algún conflicto no resuelto políticamente en el Medio Oriente, todas fruto de intentos de solución militar, de conflictos que, en cambio, debían resolverse de otra manera».
La tragedia de Palestina
Patton pasa luego a hablar de Gaza, retomando lo dicho hace unos días por el cardenal patriarca de Jerusalén de los latinos, Pierbattista Pizzaballa, para reiterar que está destruida, que la gente vive prácticamente en una cloaca a cielo abierto y que, aparte del hambre extrema, persisten «el problema de los medicamentos, de la seguridad, el problema de una vida en la que se respeten los derechos fundamentales y la dignidad de la persona humana. Y además está esta historia del Consejo de Paz que ni siquiera ha comenzado a funcionar y que parece ser más un fantasma que una realidad operativa». En Cisjordania, por su parte, continúa la expansión de los asentamientos israelíes, con decenas de miles de desplazados. «Continúa la ocupación y también continúan los actos de violencia», prosigue Patton, recordando «a la familia asesinada hace unos días en la zona de Nablus, con un único sobreviviente, un niño de nueve años». También continúan «las iniciativas legislativas que impiden que la Cisjordania exista y que los palestinos tengan su propia tierra y el respeto de los derechos fundamentales: como el registro de los territorios palestinos en el catastro israelí o la prohibición de que enseñen en las escuelas israelíes profesores con títulos obtenidos en universidades palestinas», todas ellas «formas de presión directa o indirecta para expulsar a la población palestina de la tierra en la que ha vivido durante milenios». La grave crisis económica provocada por la guerra se siente mucho también en Jordania, debido al colapso de las peregrinaciones. «A finales de febrero estábamos observando una cierta recuperación en el número de visitantes y peregrinos y, de repente, hemos vuelto a caer, prácticamente a cero», lo que supone un duro golpe sobre todo para los cristianos, pero no solo para ellos, que trabajan en los lugares santos y se han quedado sin trabajo y sin medios de subsistencia para sus familias.
Ayuno y oración por la paz
Para que esta violencia cese, la comunidad internacional, en opinión de Patton, debe llevar a cabo una intervención más decidida y debe «haber un cambio de política por parte de Estados Unidos hacia el Medio Oriente». Desde el punto de vista eclesial, además, la esperanza es que pueda haber «una gran convocatoria, dirigida a los cristianos y a los creyentes de todas las religiones, como lo hizo Juan Pablo II en la época de la guerra de Irak y como lo hizo el Papa Francisco en 2013, una gran convocatoria para todos al ayuno y a la oración por la paz. Es un instrumento que puede parecer ridículo frente al de las armas, pero es un instrumento de concientización que puede unir a los creyentes de las diversas religiones» y que responde a lo indicado por el Papa León XIV cuando habla de «paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante». Esto es lo que se necesita, concluye Patton, «sabiendo que para nosotros, los creyentes, la oración y el ayuno son las únicas “armas” que nos está permitido empuñar».
Se publicó primero como Oriente Medio, Patton: la oración y el ayuno, las únicas armas que cabe empuñar
