Jue, 26 Mar 2026 22:38
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La Santa Sede: detener el uso de un lenguaje “cargado de odio y venganza”

La Santa Sede: detener el uso de un lenguaje “cargado de odio y venganza”

Comunicado de www.vaticannews.va — La Santa Sede: detener el uso de un lenguaje “cargado de odio y venganza”

Declaración del observador permanente ante las Naciones Unidas en Ginebra, el arzobispo Balestrero, a favor del compromiso en Oriente Medio y África del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). La invitación a vincular la asistencia a los refugiados con la construcción de la paz, a “encontrar soluciones justas y duraderas” a las crisis mundiales y a comprometerse en un “diálogo sincero”.

Alessandro Di Bussolo – Ciudad del Vaticano

La Santa Sede pide “poner fin al uso de un lenguaje cargado de odio y venganza y comprometerse en un diálogo sincero”, con el objetivo de encontrar soluciones justas y duraderas a las crisis que afectan al mundo. Y acoge con satisfacción los esfuerzos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) para “vincular la asistencia humanitaria con el desarrollo y la construcción de la paz, en estrecha cooperación con los Estados y los actores locales”. Así lo subrayó el arzobispo Ettore Balestrero, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales en Ginebra, en su declaración con motivo de la 95ª reunión del Comité Permanente del ACNUR, con la actualización sobre las operaciones en Oriente Medio y el Norte de África, celebrada el 25 de marzo.

Los recursos para los refugiados disminuyen, las necesidades humanitarias crecen.

El arzobispo recordó la profunda preocupación con la que la Santa Sede sigue la guerra en Oriente Medio, citando las palabras del Papa León XIV en el Ángelus del 22 de marzo: “¡La muerte y el dolor provocados por estas guerras son un escándalo para toda la familia humana y un clamor ante Dios!”. Y lamentablemente, constató Balestrero, “trágicamente, mientras las necesidades humanitarias aumentan drásticamente, los recursos destinados a la asistencia están disminuyendo”. Los sufrimientos de millones de personas privadas “de una protección adecuada, de asistencia y de perspectivas para un futuro digno”, añadió, se ven agravados aún más por la fuerte desproporción entre los recursos utilizados para las armas y la guerra y “los dedicados al servicio de la vida”.

Proveer financiamiento a los países que acogen a refugiados

Además, dado que la gran mayoría de los refugiados es acogida por países en desarrollo, subrayó el representante de la Santa Sede, “la comunidad internacional debe renovar su compromiso de solidaridad, proporcionando financiamiento predecible y mayores oportunidades de reasentamiento”. Los desplazados, reiteró, “no son simples estadísticas que manejar; son individuos, hombres y mujeres, chicos y chicas, cada uno con un nombre, un rostro y una historia”. Lamentablemente, en demasiados lugares del mundo, “generaciones enteras no han conocido otra cosa que guerra, desplazamiento e incertidumbre”. Los niños que crecen en los campos “están privados de entornos familiares estables, de la educación e incluso de la simple alegría de jugar”. ¿Cómo pueden, se pregunta el arzobispo, estos futuros adultos esperar construir un mundo mejor, “cuando la única realidad que han conocido es el horror de la guerra”?

El papel de las organizaciones religiosas y católicas

Las organizaciones inspiradas en la fe, incluidas muchas instituciones católicas, según Balestrero, pueden contribuir de manera específica a los esfuerzos del ACNUR para vincular la asistencia humanitaria con la construcción de la paz, “promoviendo la reconciliación, la convivencia pacífica y una cultura de solidaridad y fraternidad”. El arzobispo reiteró que “es imperativo abordar las causas profundas que obligan a las personas a huir”, porque la guerra y la violencia “siempre derivan de políticas y decisiones que llevan a consecuencias terribles como muerte, heridas, destrucción y dolor”. La estabilidad y la paz, recordó León XIV en el Ángelus del 1 de marzo, “no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino únicamente a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable”.

El observador permanente de la Santa Sede concluyó con el llamado del Papa en esa ocasión a todas las partes involucradas en los conflictos en curso “a asumir la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable. ¡Que la diplomacia recupere su papel y se promueva el bien de los pueblos, que anhelan una convivencia pacífica basada en la justicia!”.

El derecho a la vida debe ser una prioridad

El arzobispo Balestrero también intervino en otra reunión del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) dedicada a Europa: la Santa Sede —afirmó en esa ocasión—, a más de cuatro años del estallido de la guerra en Ucrania, continúa siguiendo “con gran dolor” el impacto humanitario de este conflicto, que ha causado “el desplazamiento forzado de millones de personas, devastado vidas y familias y generado destrucción y sufrimiento generalizado”.

Frente a estos sufrimientos, la Santa Sede retoma el llamado del Papa León XIV en el Ángelus del pasado 22 de febrero para un cese inmediato de las hostilidades, ya que “la paz no puede esperar. Es una necesidad urgente que debe encontrar un hogar en nuestros corazones y traducirse en decisiones responsables”.

El observador permanente en Ginebra elogió también la decisión de la Unión Europea de extender el estatus de protección temporal para los refugiados ucranianos hasta marzo de 2027. “A través de sus numerosas instituciones —observó el prelado—, la Iglesia católica continúa dando la bienvenida, protegiendo, promoviendo e integrando a las personas que necesitan protección, proporcionando asistencia humanitaria y espiritual, empleo y educación”.

“Convertirse en refugiado nunca es una elección”, enfatizó el prelado, para subrayar que “el derecho a la vida debe ser considerado una prioridad” y que “ninguna persona que necesite protección debería morir en el mar o en las fronteras terrestres debido a asistencia negada, retrasada o condicionada”.

Se publicó primero como La Santa Sede: detener el uso de un lenguaje “cargado de odio y venganza”

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Europa Hoy

Periodista especializado en noticias europeas y política internacional.