Dom, 1 Mar 2026 22:57
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El Padre Faltas lamenta el estruendo de la guerra que ahoga la voz de la paz

El Padre Faltas lamenta el estruendo de la guerra que ahoga la voz de la paz

Comunicado de www.vaticannews.va —

El director de las Escuelas de la Custodia de Tierra Santa deplora el estallido de violencia en Oriente Medio y afirma que los niños no pueden comprender las razones inhumanas que damos para la guerra.

Por el P. Ibrahim Faltas*

En Jerusalén, el miedo es palpable, casi tangible. Las calles vacías, los lugares de culto inaccesibles, las tiendas cerradas de la Ciudad Vieja, los heridos y la destrucción en tantas ciudades de Tierra Santa se han convertido una vez más en las imágenes del sufrimiento de esta tierra martirizada. Son cicatrices visibles y heridas invisibles que revelan el dolor y el trauma provocados por el nuevo y repetido estallido de una guerra interminable.

Rompiendo el silencio de una ciudad desierta, suenan las sirenas, que generan angustia mientras se espera la llegada de misiles que traerán más muerte y destrucción. El miedo volvió con fuerza -o quizá nunca desapareció del todo- el sábado por la mañana: fue un sábado como aquel trágico 7 de octubre de 2023.

Junto con los docentes y el personal escolar, logramos mantener la calma necesaria para tranquilizar a los niños mientras esperábamos a sus padres, que apenas acababan de dejarlos en la entrada de la escuela.

No fue fácil para los maestros contener las lágrimas mientras tranquilizaban a los niños, que acababan de recitar juntos la sencilla oración de san Francisco antes de entrar en clase.

Miré a los niños, el trauma escondido en sus ojos tristes; percibí la conciencia y la responsabilidad de los adultos, su sufrimiento ante el regreso de la violencia que traería nuevamente el alejamiento de la serenidad acogedora de la escuela. Estos pensamientos y preocupaciones llenan mi mente y mi corazón.

Cerca de los Santos Lugares vivimos una aparente normalidad, porque creemos, rezamos y esperamos, pero el estruendo ensordecedor de la guerra nos devuelve siempre a la dolorosa realidad.

Los niños no entienden la violencia; no conocen las razones inhumanas que la provocan, y continúan siendo las víctimas inocentes del absurdo del mal.

Los niños solo comprenden y reconocen la bondad. En estos momentos tiemblan, y es el mal el que los hace temblar; es el miedo a algo que no conocen lo que apaga sus sonrisas: las sonrisas de todos los niños que sufren y mueren en países marcados por la guerra. Mueren y sufren en Gaza, en Teherán, en Kiev, en Tel Aviv.

Están asustados, tristes, sufren hambre y frío, tienen miedo bajo el refugio de tiendas mojadas, están aislados en la oscuridad de refugios y búnkeres, quedan sepultados bajo los escombros de escuelas y casas; no juegan y no usan bolígrafos ni lápices de colores.

Este es el resultado inhumano de la guerra.

Después del 7 de octubre de 2023 hubo muchos llamamientos y peticiones a la comunidad internacional para que volviera a ser humana. Dos Pontífices pidieron la paz con gran intensidad, al igual que autoridades civiles y religiosas, hombres y mujeres sencillos y figuras destacadas.

Las respuestas no han llegado, y si han llegado, hasta ahora no han producido resultados ni soluciones en Gaza, en Tierra Santa ni en otras regiones afligidas por años de guerra y violencia.

¿Quién debía responder a las peticiones de paz? ¿Qué humanidad responde a la humanidad herida?

Son preguntas que no encuentran respuesta mientras, durante años, se sigan pisoteando los derechos esenciales de los inocentes y mientras los deberes de la comunidad internacional se gestionen según los intereses de una economía de guerra y desde la indiferencia hacia quienes sufren.

En Gaza, niños privados del derecho a la serenidad, en lugar de recibir ayuda y educación, se ven obligados a buscar entre los escombros objetos que puedan revender a cambio de comida y mantas.

¿Qué humanidad los sostiene y los ayuda mientras escarban entre el polvo y los recuerdos de otros inocentes? ¿Quién los recuerda todavía?

¿Qué humanidad no permite que la ayuda llegue a quienes buscaban seguridad y perdieron la vida en el mar, que ahora devuelve a la superficie cuerpos y sueños de esperanza?

¿Qué humanidad no respeta los tiempos y los términos de acuerdos que podrían ofrecer un respiro a quienes esperan el fin de una violencia y un sufrimiento inimaginables?

Son preguntas sin respuesta, preguntas a las que no responde la humanidad de quienes, como dice el Papa León, tienen la responsabilidad moral de impedir que el mal sea el protagonista absoluto de nuestro tiempo.

Mi experiencia vivida en Tierra Santa me sigue llevando a creer y a esperar en el corazón de las personas que aman al prójimo sin prejuicios ni límites, que ofrecen una mano amiga, una escucha atenta, un abrazo que reconforta el alma.

Esa es la humanidad en la que todo ser humano debería reconocerse; esa es la humanidad que la comunidad internacional debe representar.

Derechos y deberes, responsabilidad y respeto son elementos esenciales para seguir siendo humanos, para creer, para tener confianza y esperanza en la humanidad, para eliminar el estruendo de la guerra y dar voz al sonido de la paz.

*Director de las Escuelas de la Custodia de Tierra Santa

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Europa Hoy

Periodista especializado en noticias europeas y política internacional.