Jue, 12 Feb 2026 17:01
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Myanmar, la “policrisis” cinco años después del golpe militar

Myanmar, la “policrisis” cinco años después del golpe militar

Comunicado de www.vaticannews.va — Myanmar, la “policrisis” cinco años después del golpe militar

El país asiático, azotado por una guerra civil que no parece tener fin, atraviesa una crisis económica, social, sanitaria y educativa. Más de 3,5 millones de personas se han visto desplazadas y muchos jóvenes huyen al extranjero. Pero la Iglesia local invita a los fieles a mantenerse fuertes y a rezar por la paz.

Paolo Affatato – Ciudad del Vaticano

Myanmar atraviesa lo que el cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de Yangón, ha definido como una «policrisis»: una crisis económica, con el aumento de los precios; una crisis por la pérdida de oportunidades de trabajo; una crisis social, con más de 3,5 millones de desplazados y la huida de los jóvenes al extranjero; una crisis de la asistencia sanitaria básica; una crisis educativa, con una generación que ha perdido cinco años de escolarización»: así describe con preocupación John Aung Htoi, sacerdote birmano de la diócesis de Myitkyina, la situación del país, que el 1 de febrero cumplió cinco años desde el golpe de Estado militar, mientras el conflicto interno sigue causando estragos. En declaraciones a los medios de comunicación vaticanos, el sacerdote señala con dolor «la compleja y difícil situación sobre el terreno, de la que, cuanto más tiempo pasa, más difícil será recuperarse», dada la persistencia del conflicto. Entre los que sufren la violencia sobre el terreno —señala— se encuentra, entre otros, la población del estado de Kachin, en las zonas de Hpakant, Waimaw y Banmaw, pero también se lucha en la región de Sagaing y hay enfrentamientos en los estados de Kayah, Chin y Shan. Una lacra que aflige al país es la de los desplazados internos, que han superado los 3,5 millones: «Muchos desplazados internos quieren volver a sus hogares y a sus tierras, pero sigue siendo imposible, lo que supone precariedad y un profundo sufrimiento. La población civil se ve atrapada en esta crisis múltiple», señala.

Las elecciones organizadas por la junta

Las elecciones convocadas por las autoridades militares en el poder entre diciembre y enero pasados no han encontrado una amplia legitimación internacional y varios países de la ASEAN (Asociación de las Naciones del Sudeste Asiático), organización de la que Myanmar forma parte, tampoco las han reconocido. Esto se debe en parte a que el Union Solidarity and Development Party (USDP), el partido que representa a los militares, ganó las elecciones, mientras que a otros partidos no se les permitió presentar sus propias listas. Además, muchos votantes afirmaron haber votado sin interés ni confianza, sino bajo amenaza. En muchas zonas controladas por grupos armados o por las fuerzas de defensa popular, los colegios electorales no abrieron y, por lo tanto, la votación resultó incompleta. En este contexto, señala el padre John, «la población espera con ansiedad un diálogo nacional, pero, a pesar de las presiones y las peticiones de muchos países extranjeros, ni el ejército ni las fuerzas de la resistencia tienen intención, por ahora, de sentarse a la mesa de negociaciones». Para iniciar un diálogo serio entre las partes se necesitaría, entonces, una tercera parte, «un actor neutral y fuerte», observa. De lo contrario, la inestabilidad y la inseguridad seguirán prevaleciendo.

Oraciones por la paz

En la trágica situación de Myanmar, «los obispos, sacerdotes, consagrados y laicos católicos siguen rezando por la paz y, mientras tanto, ayudan a los desplazados a través de los canales de Karuna (Cáritas) y grupos de voluntarios diocesanos», relata. «En medio de esta crisis, la Iglesia anima a los fieles y a las víctimas de las guerras a mantenerse fuertes, a seguir rezando por la paz y a no perder la esperanza». Para los religiosos, la respuesta es la oración, acompañada de la caridad: entre las muchas iniciativas de socorro y ayuda a la población que sufre, especialmente a los más pobres y vulnerables, se encuentra el Centro de Protección Infantil de Myitnge, una ciudad situada en la zona de Mandalay, en el centro-norte de Myanmar. El Centro, gestionado por las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, atiende a unos 40 niños procedentes de zonas de conflicto. Se trata de una iniciativa que ofrece un apoyo concreto mientras, como ha señalado la agencia Fides, el sistema educativo está paralizado, ya que miles de profesores han abandonado su trabajo para protestar contra el golpe de Estado. La hermana Amy Martina, que trabaja allí, afirma: «Acogemos a niños procedentes de zonas de conflicto como Kachin, Kayah, Chin y Shan, estados donde se libra la guerra». Con su labor y su presencia, las religiosas escuchan «historias de hambre, desesperación, oscuridad» y apoyan a familias que viven en la pobreza y el drama del desplazamiento y la guerra. «Con ellos —dice— rezamos, les damos consuelo, compartimos la Palabra de Dios que nos guía, nos ilumina y nos fortalece en la esperanza».

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Europa Hoy

Periodista especializado en noticias europeas y política internacional.