InicioReligiónParolin en Malta: Que los Estados respeten la soberanía y la dignidad

Parolin en Malta: Que los Estados respeten la soberanía y la dignidad

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Comunicado de www.vaticannews.va —

En visita al país “cruce del Mediterráneo”, con ocasión de la presentación de un volumen conmemorativo sobre las relaciones con la Santa Sede, el cardenal secretario de Estado del Vaticano subraya que la “dimensión geográfica” no determina la importancia de una nación. Asimismo, auspicia una renovada y constante sinergia ante las “nuevas cuestiones”, entre ellas la migración y la salvaguardia de la paz, en un “orden internacional frágil”.

Edoardo Giribaldi – Ciudad del Vaticano

“Sliem”, el término maltés que significa “paz”, va más allá del simple concepto de “ausencia de conflicto” para expresar armonía, reconciliación y benevolencia. Pronunciarla -y sobre todo practicarla- pasa también por una diplomacia que no busca el “dominio” sobre el otro, sino el respeto de la soberanía y de la dignidad de cada uno. En este horizonte se sitúan las relaciones entre la Santa Sede y el país “cruce del Mediterráneo”, hoy llamadas a afrontar las “nuevas cuestiones”: la salvaguardia de la paz y el fenómeno migratorio, en una tierra que fue la primera en acoger a san Pablo, “náufrago y vulnerable”.

Estos fueron los temas abordados por el cardenal secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, con ocasión de la presentación del volumen conmemorativo Pedro en la Isla de Pablo. Hitos en la historia de las relaciones entre Malta y la Santa Sedeque celebra el sesenta aniversario de las relaciones diplomáticas entre la República de Malta y la Santa Sede, establecidas formalmente el 15 de diciembre de 1965.

Una diplomacia “al servicio de la comunión”

El purpurado, de visita en el país europeo hasta mañana, 1 de febrero, subrayó que los aniversarios no son simples ejercicios de memoria, sino ocasiones para reflexionar sobre el significado de las relaciones a la luz de sus múltiples dimensiones: “entre pueblos e instituciones, entre historia y responsabilidad y, en el caso de la Santa Sede, entre la misión pastoral de la Iglesia y su compromiso en la comunidad internacional”.

En su discurso, pronunciado en inglés, Parolin evocó el carácter profundamente “relacional” de la misión de la Iglesia y de su presencia en la escena internacional, recordando palabras del Papa León XIV al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede. Al curar al tullido en la Puerta del Templo -había observado el Pontífice- Pedro realiza un gesto no de poder, sino de “encuentro”. Desde esta perspectiva, explicó el secretario de Estado, se comprende la naturaleza peculiar de la diplomacia pontificia: no “orientada a la ventaja o al dominio”, sino “al servicio de la comunión, atenta a todos los pueblos y culturas, respetuosa de la soberanía y animada por la solicitud por la dignidad de cada persona”.

“Apertura paulina y solicitud petrina”

En este marco se inserta la relación entre Malta y la Santa Sede, que no nace como un “acto político aislado”, sino como la expresión institucional de un vínculo “antiguo y profundo”. La isla ocupa, en efecto, un lugar singular en la tradición cristiana, marcada por el naufragio de san Pablo y por aquella “humanidad poco común” con la que el Apóstol de las gentes fue acogido “como extranjero, vulnerable y dependiente”. Un relato que, a lo largo de los siglos, ha contribuido a forjar la identidad maltesa en torno a la “hospitalidad, la sanación y la fe”.

Junto a la herencia paulina, el cardenal recordó la constante sinergia de Malta con la Santa Sede, expresada mediante “la solicitud pastoral de Roma” y el cuidado de la unidad de la fe. Precisamente esta doble trayectoria -“apertura paulina y solicitud petrina”- emerge con claridad del volumen presentado: “misión y gobierno, hospitalidad y unidad, identidad local y comunión universal”.

Entre la independencia y la posguerra conciliar

El establecimiento de las relaciones diplomáticas se produjo en un momento histórico que el purpurado definió como “decisivo”: Malta acababa de alcanzar la independencia y la Santa Sede, tras el Concilio Vaticano II, estaba empeñada en redefinir “su comprensión de la presencia de la Iglesia en el mundo moderno”. Bajo san Pablo VI, la representación diplomática fue reconocida como expresión concreta de lo que él mismo definió, en la Carta apostólica en forma de Motu propio La preocupación de todas las Iglesias, como “la responsabilidad paterna del Papa por todas las Iglesias”.

En esta visión, el nuncio apostólico es a la vez representante diplomático y “puente pastoral”: acreditado ante el Estado, pero también signo visible de comunión con la Iglesia local.

El compromiso histórico maltés con la hospitalidad

En Malta -observó Parolin- esta visión encontró una aplicación “particularmente coherente”. A lo largo de más de seis décadas, las relaciones bilaterales se han desarrollado en un marco capaz de tutelar las instituciones democráticas y, al mismo tiempo, la libertad de la Iglesia. Los acuerdos en ámbitos como la educación, el matrimonio, los bienes eclesiásticos y la formación teológica muestran cómo “la cooperación entre Iglesia y Estado, cuando se basa en el respeto recíproco y la claridad de competencias, sirve al bien común en lugar de comprometerlo”.

La experiencia maltesa ofrece además una enseñanza más amplia: “la dimensión geográfica no determina la importancia de un Estado”. A pesar de su reducida extensión territorial, la isla ha sabido vivir “una vocación abierta hacia el exterior”, reforzada por su posición en el centro de lo que los romanos llamaban Nuestro Maractuando como puente entre las orillas norte y sur del Mediterráneo. Una “resiliencia” y un “duradero compromiso con la hospitalidad” que resuenan “profundamente con la ética diplomática de la Santa Sede”.

Releer el pasado para actuar con sabiduría

En un mundo marcado por la fragmentación y los conflictos, afirmó el cardenal, la paz se construye con paciencia, mediante el “diálogo y la escucha”. La palabra maltesa paz podría convertirse así en “un principio guía para las relaciones internacionales actuales”.

Volúmenes conmemorativos como Pedro en la isla de Pablo -añadió- custodian la memoria no como “nostalgia o autorreferencialidad”, sino como recurso para el discernimiento, “permitiendo leer el presente a la luz de un pasado vivido y significativo” y afrontar los desafíos de hoy con mayor “sabiduría y libertad interior”. Citó, al respecto, palabras de san Pablo VI dirigidas a los archiveros eclesiásticos en 1963: “Es Cristo quien actúa en el tiempo y quien escribe su propia historia; nuestros fragmentos de papel son ecos y vestigios de este paso del Señor Jesús por el mundo”.

Relaciones de caridad y verdad

La relación entre Malta y la Santa Sede, siguiendo la metáfora literaria, no es un “capítulo cerrado”. La presencia de la Nunciatura Apostólica recuerda que “la diplomacia, cuando se inspira en una atención genuina a las personas y a los pueblos, puede seguir siendo humana, ética y portadora de esperanza”. Continúa, de hecho, desarrollándose y afrontando los desafíos contemporáneos: desde la migración hasta la cohesión social, desde el cuidado de la creación hasta el cambio tecnológico, y la salvaguardia de la paz en el contexto de “un orden internacional frágil”.

Parolin concluyó evocando la imagen “simple pero profunda” de san Pablo acogido “con benevolencia en Malta”, al igual que los sucesores de Pedro que han llegado a la isla. “Que este encuentro duradero entre Pedro y Pablo en suelo maltés siga inspirando relaciones caracterizadas por la verdad y la caridad, por el respeto y la cooperación, y por un compromiso compartido con la dignidad de la persona humana”.

Se publicó primero como Parolin en Malta: Que los Estados respeten la soberanía y la dignidad

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