Comunicado de www.vaticannews.va — ![]()
Ante el agravamiento de la crisis, los obispos católicos de Cuba alertan sobre el riesgo de mayor sufrimiento social y reclaman reformas profundas, diálogo y respeto a la dignidad humana, sin exclusiones ni violencia. En los últimos días, Trump ha firmado una orden ejecutiva en la que amenaza con imponer aranceles a los países que suministran petróleo a Cuba.
Noticias del Vaticano
En un mensaje dirigido “a todos los cubanos de buena voluntad”, los obispos católicos de Cuba han expresado su profunda preocupación por el deterioro de la situación social, económica y humana del país. Los prelados advierten sobre el riesgo de un mayor colapso social, especialmente tras recientes decisiones que afectan el abastecimiento energético del país. “El riesgo de un caos social y de violencia entre los hijos de un mismo pueblo es real”, sostienen, dejando claro que ningún cubano de buena voluntad puede alegrarse ante ese escenario.
En el texto difundido este sábado 31 de enero de 2026los pastores recogen el sentir que recorre la isla de un extremo a otro: “para los oídos atentos y respetuosos del sufrimiento del prójimo se escucha continuamente que las cosas no están bien, que no podemos seguir así”. Un reclamo que, recalcan, interpela a toda la sociedad, pero “fundamentalmente a los que tienen responsabilidades más altas a la hora de tomar decisiones para el bien de la nación”.
Retomando el llamado formulado en junio pasado con ocasión del Año Jubilar, constatan que la realidad “dolorosa y apremiante” no solo no ha mejorado, sino que “ha empeorado y se ha agravado la angustia y la desesperanza”.
Tensión externa y riesgo social
“Las noticias recientes, que anuncian, entre otras, la eliminación de toda posibilidad de que entre petróleo al país, disparan las alarmas, especialmente para los menos favorecidos. El riesgo de un caos social y de violencia entre los hijos de un mismo pueblo es real. Ningún cubano de buena voluntad se alegraría de ello”, expresan los obispos.
En este contexto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que declara una emergencia nacional respecto a lo que considera una amenaza de Cuba a la seguridad nacional y política exterior de EE. UU. Según el decreto, el gobierno estadounidense puede imponer aranceles adicionales a las importaciones desde cualquier país que directa o indirectamente suministre petróleo o derivados a Cuba, con el objetivo de cortar el acceso energético de la isla y presionar al régimen de La Habana. La Casa Blanca argumenta que el gobierno cubano coopera con países y grupos hostiles a EE. UU. y representa un riesgo inusual y extraordinario.
De ahí su llamado firme y pastoral: Cuba necesita cambios, “y son cada vez más urgentes”, pero no puede soportar “más angustias ni dolor”. Con palabras directas, piden evitar nuevos lutos y sufrimientos, sobre todo entre los pobres, los ancianos, los enfermos y los niños. En este contexto, recuerdan las palabras pronunciadas por san Juan Pablo II en su visita a la isla en 1998, cuando advirtió que el aislamiento repercute “de manera indiscriminada en la población, acrecentando las dificultades de los más débiles”.
Diálogo, dignidad y bien común
En sintonía con la enseñanza constante de la Santa Sede, el Episcopado reitera que los conflictos deben resolverse mediante el diálogo y la diplomacia, nunca por la coerción. “Porque los hombres, hablando, se entienden”, afirman, convencidos de que, con buena voluntad, siempre es posible encontrar caminos de verdad, justicia y paz.
Al mismo tiempo, subrayan que la dignidad y la libertad de las personas dentro del país no pueden quedar condicionadas por conflictos externos. Un clima de respeto, pluralidad y participación -recuerdan- no debilita a una nación, sino que puede favorecer incluso la distensión internacional. Por ello, parafraseando a san Juan Pablo II, piden “que el mundo se abra a Cuba”, pero también que “Cuba se abra a su propio pueblo, a todos los cubanos, sin exclusiones”.
La Iglesia, al servicio de la esperanza
Los obispos puntualizan que la Iglesia católica continuará acompañando al pueblo cubano desde su misión propia: orar, anunciar el Evangelio y servir especialmente a los más vulnerables. Reiteran, además, su disponibilidad para colaborar, si se les solicita, en la creación de espacios de encuentro y cooperación por el bien común.
En comunión con el Papa León XIV, evocan sus palabras al inicio del pontificado: “¡Esta es la hora del amor!”. Y, confiando a Cuba a la intercesión de la Virgen de la Caridad, Madre del pueblo cubano, elevan una súplica final: que prevalezcan la sensatez y la cordura, y que todos los hijos de esta tierra puedan vivir “en paz, dignos y felices aquí”.
Se publicó primero como Los obispos cubanos: riesgo de caos y violencia por el corte del suministro de petróleo a Cuba


