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La carga de la deuda pesa sobre los países frágiles

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Comunicado de www.vaticannews.va —

Los últimos datos del Banco Mundial constatan un panorama de luces y sombras. A pesar de la caída de la inflación y de los tipos de interés, muchos países pobres tienen dificultades para recuperarse de los choques sufridos. Algunos han reembolsado 741.000 millones de dólares más en intereses de su deuda externa: es la cifra más alta de los últimos 50 años.

Valerio Palombaro – Ciudad del Vaticano

Un paradoja pesa sobre la evolución de la economía mundial, penalizando a los países más pobres y provocando un aumento adicional de las desigualdades. El último informe del Banco Mundial sobre la deuda certifica un panorama de luces y sombras, marcado por la prevalencia de estas últimas en muchos países de renta baja y media. A pesar del alivio que, tras años, se vislumbra con la caída de la inflación, la reducción de los tipos de interés «punitivos» y el retorno gradual de las emisiones de títulos en los mercados internacionales a precios más sostenibles, muchos países pobres tienen dificultades para recuperarse de los múltiples choques económicos sufridos en la última década. Estas naciones han reembolsado entre 2022 y 2024 un total de 741.000 millones de dólares más en intereses de su deuda externa de lo que han recibido en nuevos financiamientos: se trata de la cifra más alta de los últimos 50 años.

Perspectivas para 2026

El informe del Banco Mundial evidencia además que los pagos totales de intereses alcanzaron en 2024 un nuevo récord de 415.400 millones de dólares, a pesar del potencial «alivio» derivado de la caída de los tipos de interés globales. Por un lado, el Banco Mundial constata que el crecimiento de la deuda externa de los países de renta baja y media se ralentizó de manera significativa el año pasado, aumentando un 1,1% hasta rozar los 9 billones de dólares. Sin embargo, esto no es suficiente para consolidar su situación económica ni desde el punto de vista de la exposición a la deuda. El stock total de la deuda externa de los países en vías de desarrollo alcanzó en 2024 los 8,9 billones de dólares, con 1,2 billones concentrados en las economías de los Estados más frágiles (Ida) que reciben asistencia del Banco Mundial. Los países «frágiles», por tanto, se encuentran cada vez más asfixiados.

En los 22 países donde la deuda externa supera el 200% de los ingresos por exportaciones, más de la mitad de la población no logra sostener una dieta mínima adecuada. La deuda de Mozambique equivale al 343 % de su PIB; mientras que en Senegal, considerado en muchos aspectos «un ancla de estabilidad» en África, se sitúa en el 151%. Todo ello incide en las decisiones de los gobiernos, penalizando las inversiones en sectores vitales como el bienestar social, la sanidad, la educación y las infraestructuras.

La acumulación de la deuda en los países de bajos ingresos

«Las condiciones financieras globales podrían mejorar, pero los países en vías de desarrollo no deberían hacerse ilusiones: no están fuera de peligro», advirtió en el reporte Indermit Gill, economista jefe del Banco Mundial, añadiendo que la acumulación de la deuda continúa «a veces de maneras nuevas y perniciosas». «Los responsables políticos en todo el mundo deberían aprovechar al máximo la ventana de respiro que existe hoy para poner en orden las finanzas públicas, en lugar de lanzarse de nuevo a los mercados de deuda externa», afirmó Gill.

A pesar del aumento de los préstamos multilaterales y de un récord de 36.000 millones de dólares desembolsados por el propio Banco Mundial, el 54% de los países de bajos ingresos se encuentra actualmente en situación de dificultad por la deuda o con alto riesgo de sobreendeudamiento. Los mercados de bonos se han reabierto para la mayoría de los países tras el final del largo ciclo de subidas de los tipos de interés, allanando el camino para nuevas emisiones por miles de millones de dólares.

Sin embargo, esto ha ocurrido a un alto costo, con tipos de interés sobre la deuda obligacionista cercanos al 10%- aproximadamente el doble respecto al período anterior a 2020 -y con opciones de financiación de bajo costo cada vez más escasas. Los países emergentes recurren además cada vez más a los mercados de deuda interna para financiarse. En cerca de 50 países, la deuda interna ha crecido en el último año a un ritmo superior al de la deuda externa. En este caso, el endeudamiento público suele producirse porque los bancos comerciales prefieren adquirir títulos del Estado en lugar de conceder préstamos a las empresas. Esta deuda nacional conlleva vencimientos más cortos y, por tanto, mayores riesgos.

El papel de los privados

El Banco Mundial subrayó que esta es una señal de la evolución de los mercados crediticios locales, pero advirtió que esta tendencia podría comprimir los préstamos bancarios al sector privado y aumentar potencialmente el costo de la refinanciación debido a los vencimientos más cortos. Así, si bien es cierto que los mercados emergentes reestructuraron casi 90.000 millones de dólares de deuda externa en 2024 (un récord de los últimos 14 años) – incluidas importantes reestructuraciones en Ghana, Zambia, Sri Lanka, Ucrania y Etiopía, así como la condonación de la deuda de Haití y Somalia-, por otra parte esto no resuelve uno de los principales obstáculos: hoy cerca del 60% de la deuda de los países en vías de desarrollo pertenece a inversores privados, que a menudo imponen condiciones muy duras. Los flujos netos de préstamos bilaterales se han desplomado un 76%, situándose en 4.500 millones de dólares, un nivel que no se veía desde la crisis financiera de 2008, obligando a los países a recurrir a financiamientos privados más costosos.

Por una economía al servicio de las personas

En la región subsahariana, por ejemplo, la deuda de más de 900.000 millones de dólares acumulada hasta 2024 (+4,3% respecto a 2023) se contrajo en un 40% con acreedores privados, en un 41% con instituciones multilaterales y en un 19 % con acreedores bilaterales, principalmente China, Francia y Arabia Saudí. El actual sistema de la deuda -como afirmó en los últimos meses Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía y profesor de la Universidad de Columbia, durante la presentación del informe elaborado por la Comisión del Jubileo, instituida en febrero por la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales- «está al servicio de los mercados financieros, no de las personas». Y el Papa León XIV, al igual que toda la Santa Sede, insiste desde hace tiempo en pedir una reducción sustancial de la deuda, incluida su cancelación o reestructuración para los países más pobres.

El objetivo de un desarrollo sostenible equitativo y eficaz, a pocos años del vencimiento de la Agenda 2030, aparece como un espejismo y no podrá alcanzarse sin afrontar este nudo que condiciona las inversiones en muchos países en vías de desarrollo. Resulta imposible, de hecho, erradicar la pobreza cuando más de 3.000 millones de personas viven en países que gastan más en el pago de los intereses de la deuda que en servicios esenciales como la sanidad y la educación.

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