Mientras las comunidades luchan por reconstruirse, muchas tienen poco tiempo para lamentar las inmensas pérdidas que han sufrido.
Desde junio, más de seis millones de personas en Pakistán se han visto afectadas por lo que se ha descrito como “lluvias monzónicas inusualmente fuertes”, que se han cobrado casi 1.000 vidas, entre ellas unos 250 niños.
Los residentes aún se están recuperando de las inundaciones repentinas que convirtieron los arroyos en rugientes ríos de lodo, y muchos desplazados todavía se refugian en campamentos administrados por el gobierno o con familias de acogida que ya están al límite.
En el distrito de Buner, en el norte de Pakistán, decenas de personas perecieron en la aldea de Bishnoi bajo rocas y escombros cuando inundaciones repentinas descendieron por las laderas, arrasando con hogares y vidas en cuestión de minutos.
En Buner, al norte de Pakistán, las inundaciones repentinas convirtieron los arroyos de montaña en campos de rocas, con barras de hierro que sobresalían como cultivos oxidados.
«Nunca habíamos visto algo así», dijo Habib-un-Nabi, de 35 años, profesor de la aldea de Bishnoi.
Sus sencillas palabras llevan el peso del dolor y la incredulidad. Habib perdió a dieciocho miembros de su familia en un solo día, incluidos sus padres y su hermano.
Los que sobrevivieron apenas tuvieron tiempo de llorar. “Estábamos demasiado ocupados tratando de desenterrar a otros, de ayudar a quien pudiéramos”, recordó Habib.
Apoyo de la OIM
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Pakistán inició operaciones humanitarias en las zonas del norte afectadas por las inundaciones, donde se perdieron cientos de vidas y miles quedaron sin hogar.
En Punjab –la provincia más poblada de Pakistán y la más afectada en términos de daños a la infraestructura durante las inundaciones de 2025– la OIM trabajó con socios y a través del Common Pipeline, un sistema de logística humanitaria compartida que almacena y entrega bienes de emergencia.
Entre agosto y septiembre de 2025, la agencia de migración de las Naciones Unidas distribuyó cerca de 14.000 kits de ayuda familiar adaptados a las necesidades locales en las cuatro provincias en el marco de un único proyecto.
Estas intervenciones son parte de esfuerzos más amplios para ayudar a las comunidades a adaptarse a una crisis climática cada vez más impulsada por el hombre, alimentada por la deforestación, la rápida urbanización y la degradación de los sistemas de drenaje naturales.
En Naseer Khan Lolai, una aldea de Kashmore, Ali Gohar, de 65 años, ha sobrevivido a muchas inundaciones, pero ninguna ha sido tan devastadora como ésta.
Casas enteras se derrumbaron, el ganado fue arrasado y la tierra (propiedad de terratenientes locales) dejó a agricultores como él con poco control sobre su recuperación.
A medida que las inundaciones y las olas de calor se intensifican en Pakistán, las comunidades están demostrando que la adaptación no sólo es posible sino esencial, convirtiendo el costo humano del cambio climático en un llamado a la responsabilidad compartida y a una acción más enérgica.


