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Cumbre en Perú. La Iglesia aboga por minería con responsabilidad social

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En la Cumbre minera celebrada en Arequipa, el presidente del episcopado peruano, monseñor Cabrejos recordó que todos los seres humanos están llamados a trabajar por un verdadero desarrollo humano integral que supere la exclusión.

ADN-Celam

Fomentar prácticas responsables que apunten al cuidado de la persona humana, usando adecuadamente los recursos naturales, respondiendo a compromisos claros desde la responsabilidad social y la opción preferencial por los pobres; constituyen el llamado que hizo monseñor Miguel Cabrejos, presidente de la Conferencia episcopal de Perú (CEP) durante su intervención en la edición número 35 de la Cumbre Minera Perumín que se celebró en Arequipa, del 26 al 30 de septiembre.

Aportes desde los principios de la Doctrina social de la Iglesia y las enseñanzas de los últimos Papas que involucraron conceptos como el de la dignidad de la persona humana, el bien común, el destino universal de los bienes, la participación, la solidaridad, la subsidiariedad, la opción por los pobres que no solo compete a la Iglesia; así como la gratuidad y el cuidado de la creación.  Conceptos que aplicados se hallan totalmente interconectados porque ninguno opera en forma autónoma.

Trabajo con dignidad

Agradeciendo la invitación a participar en el evento, el  también presidente del Consejo episcopal latinoamericano (Celam) recordó que todos los seres humanos están llamados a trabajar por un verdadero desarrollo humano integral que supere la exclusión. El prelado, destacó la importancia de favorecer prácticas laborales que respeten la dignidad del ser humano y garanticen sus derechos.

Asimismo, exhortó al sector minero a posicionarse como un verdadero modelo de industria, dispuesto a cumplir con prácticas responsables en el contexto laboral, sin perder de vista que la industria debe avanzar y seguir aportando al desarrollo del país.

Para monseñor Miguel Cabrejos, la primera de esas prácticas es la referente al cuidado del empleo, porque en su opinión no basta tenerlo, es necesario que ofrezca condiciones dignas para hombres y mujeres. Esto ayudará a establecer relaciones laborales de calidad tanto en empresas privadas como públicas, conceptos que compartió desde el contenido de la recordada encíclica examinando el trabajo de San Juan Pablo II.

Discurso del presidente del Celam, monseñor Miguel Cabrejos en la Cumbre de Minería en Perú.

Cuidar la creación

Ese concepto del cuidado al que exhortó el presidente del episcopado peruano, además de las personas también se refiere a los recursos minerales.

Tomando como base de su reflexión apartes de la encíclica Laudato Si’ en los que se advierte que la madre tierra “clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella,” el presidente del episcopado peruano recordó que la sobreexplotación de los recursos naturales, tiene efectos dañinos sobre la salud de las poblaciones de los centros mineros y de los grupos poblacionales que viven más allá de las zonas mineras, muchas veces sufriendo las afectaciones ambientales que pueden generarse por esta actividad.

Así entendiendo que todo se está conectado, monseñor Miguel Cabrejos advirtió que solo tenemos un planeta, que no hay un plan B y “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental”, como lo afirma la encíclica Laudato Si’por lo que abogó por un uso responsable de los recursos minerales.

Apostar por el buen vivir

En Perú, recordó el prelado, la minería tiene mucho que mostrar al ser uno de los principales productores de oro, plata, zinc y molibdeno en América Latina. Además de la creciente producción de cobre y otros minerales, tanto que puede decirse que el presupuesto nacional depende en gran medida de las inversiones mineras y petroleras porque según datos aportan más del 10% al PIB.

“La doctrina social de la Iglesia propone el principio de la precaución y previsión en preocupación por el bien común, priorizando la salud de las personas y de la tierra sobre la maximización de las ganancias”, indicó. Razón por la cual el arzobispo insistió en que la industria minera tiene una gran responsabilidad con el desarrollo del país entendido como los avances culturales, sociales y económicos. Un desarrollo integral de la persona que abarca su calidad de vida, es decir, el buen vivir.

Para lograrlo invitó al sector minero a llevar a la práctica el principio de la subsidiariedad y la solidaridad a través de la transferencia de capacidades desde las grandes a las pequeñas industrias. Todo esto explicaba el prelado, hace parte de la opción preferencial por los pobres, la aplicación de la responsabilidad social y el concepto de la transparencia.

Para el arzobispo de Trujillo los pobres deben ser reconocidos como personas capaces, que se les han negado las oportunidades para desarrollar sus capacidades y se les han vulnerado sus derechos. Parte de estas acciones deben concentrarse en un combate hacia la minería ilegal, trabajando por la formalización de la pequeña minería y la minería artesanal.

Responsabilidad y transparencia

Esto, continúa el prelado, debe encaminarse hacia procesos más responsables, así como a la rehabilitación de las zonas mineras, asegurando que las comunidades más pobres puedan seguir viviendo y mejorando su calidad de vida. “Debemos recordar que, junto a los pobres, los pueblos originarios aparecen como demandantes de nuestra responsabilidad social” y los proyectos mineros deberían tener especial cuidado respecto a la preservación de la cultura de los pueblos originarios.

En esta línea insistió en que “no es posible que las comunidades pobres, entre las que se cuentan generalmente los pueblos originarios, sigan siendo pobres en el proceso o incluso al término de la actividad minera”. Por ello, propuso que las acciones participativas sirvan para cerrar las brechas sociales, lo que necesitará de una institucionalidad pública sólida y éticamente solvente; además de la participación de las comunidades y la sociedad civil en la evaluación y fiscalización ambiental.

Finalmente, el presidente del Episcopado peruano confía en que hacia el 2030 la minería en el Perú sea más inclusiva, esté integrada social, ambiental y territorialmente apelando a una buena gobernanza que le permita un desarrollo sostenible, porque a lo largo del tiempo se ha consolidado como una actividad competitiva e innovadora que goza de la valoración de la sociedad peruana.



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